Málaga 2021: Día VIII

Parece mentira pero ya estamos en el penúltimo día del Festival, una edición que ha funcionado como un reloj con las dificultades con conlleva el mezclar las ruedas de prensa presenciales y las online, el nivel de la sección oficial, sobre todo la parte de cine español que hace que, si ya lo era, sea el referente del cine español que marcará el calendario de estrenos que llegará a las pantallas en verano y otoño.

El octavo día amaneció fuerte con la platea, probablemente llena de blogueros y periodistas de la generación millennial, aplaudiendo la película Chavalas, la ópera prima de Carol Rodríguez Colás, por sentirse identificados con la generación que retrata la película, esa que nacida entre los ochenta y los noventa a la que prometieron de todo en su vida, después de sus estudios un trabajo espléndido con un sueldo Nescafé que le permitiera casa, familia, viajes,… pero no, trabajo precario, sueldo indigente y cuando ya no se puede resistir vuelta a la casa de los padres, al barrio de la infancia. Chavalas nos cuenta esto y más, habla de amistad, habla de sueños perdidos, habla de barrio, de lealtad y lo hace a caballo entre la comedia y el drama social con un guión de Marina Rodríguez, hermana de Carol que funciona como un reloj.

Si algo hace crecer a la película son ellas, las actrices protagonistas, dos actrices reveladas en los últimos tiempos aportan la frescura, desvergüenza (en el buen sentido, claro) y realidad que le hacen falta al cine español y de paso se proclaman reinas de este 24º Festival de Málaga. Vicky Luengo y Carolina Yuste (en su tercera película presentada en el certamen) pero ojo también a Elisabeth Casanovas y Ángela Cervantes. Una Biznaga compartida no enfadaría a casi nadie, supongo.

Carol Rodríguez ha comentado en rueda de prensa que “la película es un proyecto muy personal que recrea un reencuentro entre amigas a través de un viaje emocional y generacional a las raíces, ese lugar donde querer volver siempre” Por eso para ella la amistad es quien mueve la película, sin necesidad de incluir una trama amorosa o a un hombre en la historia que no aporta nada porque las mujeres se bastan para crear el ambiente necesario para que la película funcione.

Tras la ligereza y el buen rollo aportado por la película de Chavalas, la sesión doble de la mañana se tornaba más filosófica y daba un vuelco al cine de autor, quizá uno de los nombres propios del cine más libre y personal que tenemos en nuestra cinematografía. En un festival que en los últimos años se ha dedicado a presentar y premiar a nuevas voces (femeninas) del cine español fue una sorpresa que un director de la veteranía de Agustí Villaronga incluyera su película en la sección oficial a concurso en el certamen malagueño. El resultado fue como se esperaba, un trabajo de dirección que deja en bragas a los otros trabajos en esta categoría, la Biznaga debería se indiscutible para él en el apartado de dirección.

El ventre del mar se basa en un naufragio militar de la escuadra francesa frente a la costa de Senegal, como es habitual en el cine de Villaronga, el director no tiene miedo a mostrar cualquier imagen al espectador, no teme asustarle, alejarle del visionado y presentarle una belleza que radica en el sufrimiento, en los infiernos de las personalidades de sus personajes.

Un trabajo técnico espectacular, con una fotografía de lujo arropada por una de las mejores direcciones artísticas de los últimos tiempos y con un reparto masculino que da todo tanto física como psicológicamente, así Roger Casamajor y Óscar Kapoya presentes en rueda de prensa hablaron del lujo que supone trabajar con Villaronga porque crearon sus personajes sin apenas direcciones y con libertad absoluta.

La tercera película de la sección oficial a competición fue la brasileña Mulher Oceano de Djin Sganzerla que llenó un poquito de pretenciosidad la sala y unos cuantos bostezos. Sganzerla se pone tras las cámaras por primera vez y en mitad del proceso creativo del guión sintió la necesidad de interpretar a esa mujer o esas mujeres en ambos lados del océano.

No puede faltar en cualquier festival la película snob de turno que incluya reflexiones sesudas y por supuesto como buena filósofa el ubicar una parte de su película en Japón, creo que porque la escritora que reflexiona tanto tiene un visionado con esas mujeres japonesas que bucean a pulso y dan imágenes muy bonitas para subir a Instagram, son una referencia cultural de la cultura japonesa muy famosa, tanto que yo no tengo ni idea, tampoco es que sea un experto en la cultura nipona. Bueno, cada uno se da la importancia que quiere y se ve que Djin tenía mucho que contar y reflexionar aunque a muchos no nos importe demasiado esa doble mujer, ¿O es la misma? Que busca inspiración en Japón y nada en Brasil. A ver si el jurado le va a dar por sentirse tan importante como la directora y creerse que cuanto más snob más guay es el premio y esta Mulher Oceano sale victoriosa en sus agudas reflexiones.

En la Zona Zine van apareciendo una a una las películas, que aparentemente son más arriesgadas y retuercen el lenguaje cinematográfico, tras el pase ayer de Los hermosos vencidos que la colocaba como una de las favoritas al premio, hoy llegó Samichay, en busca de la felicidad, una de las clásicas películas festivaleras de recogimiento, mezcla de documental y ficción contemplativa hasta el extremo que tiene como punto exótico para esta sección el estar hablada en quechua (aunque apenas tiene diálogos) y rodada en blanco y negro con planos larguísimos que hacen saltar la paciencia de muchos y alabar la fuerza de la imagen de otros que tachan de obra maestra cualquier cosa que huela a aburrimiento y te haga parecer más listo que los demás.

La cinta sigue la historia de Celestino, un ermitaño campesino que vive en Los Andes peruanos a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar. Tras la partida de su hija, comienza un viaje de sanación con su vaca Samichay, desde la soledad y la altura de Los Andes hasta el caos de la urbanización y los pueblos. Mauricio Franco debuta con esta película después de haber estudiado dirección de cine en Madrid y ha estrenado su trabajo el pasado año en el Festival de Lima, donde se encontró con buenas críticas y sobre todo a la hora de reivindicar el estilo de vida andino y las dificultades que tienen al ver pasar el tiempo demasiado rápido para su modo de vida, acostumbrado al trueque, por ejemplo, tan complicado de mantener hoy en día. A ver, una apuesta arriesgada pero de las que suele tener sitio en los palmarés de muchos festivales, no sería extraño que Málaga fuese una más.

Quiero dejar patente que además de los pases de películas a los que me refiero en mis artículos el Festival de Málaga es mucho más: los documentales, los cortos, presentaciones de proyectos, secciones paralelas de las paralelas,… pero no me da la vida para meter todo en un artículo que resultaría interminable con lo que mis disculpas a los que presentan obra y yo no menciono, quedan un par de días de festival y Málaga se prepara para los últimos coletazos de su certamen más importante y la lectura de un palmarés que se antoja difícil pero donde hay posibilidades de elegir bien en cada una de las categorías. Veremos

Paulo Campos

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