Reseña de Destello bravío: Una de las sensaciones del último Festival de Málaga.

Fulguroso talento.

Hay películas que derraman una fuerte personalidad, una luz que ciega al espectador con cierta opacidad pero que reclaman su lugar empoderándose con su propio misterio.

Destello bravío (2021) - Filmaffinity

Destello bravío es la ópera prima de Ainhoa Rodríguez, una de las sensaciones del último Festival de Cine de Málaga. Allí se alzó con el Premio especial del Jurado y el de mejor montaje. Ya desde el propio cartel nos damos cuenta de que estamos ante algo peculiar y diferente. Es difícil hablar del argumento a modo de sinopsis. La película imprime y recorre una sensación y su impacto en un lugar y a unas personas determinadas. Para lograrlo una sucesión de escenas aparentemente arbitrarias se van sucediendo ante la estupefacción de un espectador que sin embargo está atrapado. Esa arbitrariedad está lejos de ser cierta porque hay una lógica interna que cohesiona todo el metraje ante una propuesta donde cada gesto corresponde a una intención que consigue que ese destello arda como un chispazo vehemente ante los ojos del público.

Los personajes están hastiados en un proceso de cambio, y ese movimiento cobra importancia durante la película. El miedo acumulado, la incertidumbre ansiosa, la melancolía aposentada sobre mujeres ciertamente hartas y desesperanzadas o el deseo sexual están esperando para ser liberados en un punto que no quiere ser final y que también está cansado de estar acompañado por otros dos que los conviertan en suspensivos. La espera y el letargo están decididos a romperse en añicos y la directora justamente ha elegido de manera nada casual un recoveco de la España despoblada para resurgirlo con bravura.

Ainhoa Rodríguez: 'Destello bravío', la España vaciada entra en trance |  Cultura | EL PAÍS

Y nos encontramos con planos imposibles, conversaciones aciagas y paisajes estériles de rastrojos recalcitrantes que necesitan un vendaval que les sacuda. Un montaje medido con escenas en las que el costumbrismo estancado se va a ver agitado por una tormenta acuciante. Y de repente, las consecuencias se traducen en una celebración total. El film torna a lo performativo, pasando desde la liturgia folclórica y religiosa a ser una comunión libre y poderosa totalmente alejada de lo sacro, como si de un aquelarre salvador se tratase.

La narración es una convidada de piedra en esta ceremonia. Quizá algunos espectadores se sientan algo desorientados porque el film no sigue un rumbo transitado. La cómoda previsibilidad no ha sido invitada, pero su extrañeza dejará de ser tal cuando sientas identificación por los personajes de la película. Al final todos los presentes nos sentimos participantes.

En Destello bravío el discurso se torna importante pero no necesita subrayados. Un grupo de intérpretes que parecen vivir su propio nirvana proclaman su entrega absoluta. El uso del sonido cala como un relámpago que va a ir acompañado de un trueno sordo pero vigoroso. Y en ese momento la intensidad de la película ya te va a acompañar como una experiencia propia y no sabes muy bien cómo has sido engullido. Ya es una de las joyas del cine español de este 2021.

CHEMA LÓPEZ.

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