RESEÑA: OLVIDO Y LEÓN

El tiempo araña y el futuro es un cerdo.

Olvido y León”: hermanos de sangre y alma

León y Olvido fue la primera película española de la historia protagonizada por un personaje con síndrome de Down. La relación entre dos hermanos mellizos muy distintos, y sus dificultades para convivir juntos con las particularidades de cada uno de ellos, era el centro de esta historia que ahora Xavier Bermúdez recupera 15 años después.

Rodada íntegramente en Ourense, esta secuela nace de las ganas de Guillem Jiménez por volver a trabajar en el cine y seguir explorando a su personaje. El director vuelve a visitar a los protagonistas y divisa el transcurso del tiempo de una manera consecuente, como sucede en la vida, sin grandes cambios. León sigue siendo ese chico con arrojo y complejidad y Olvido continúa siendo la misma, pero el peso del tiempo y el futuro incierto han ido haciendo mella en ellos como ocurre con el resto de la gente, adaptándose a la pesadumbre de los días.

Como dice la preciosa canción de Amancio Prada que aparece durante el metraje: “Los naufragios hundieron algunos principios elementales de mi alma”, los roles entre aquellos hermanos que nos resultan viejos conocidos han cambiado y, a la vez que soportan la desidia, otras veces muestran ganas de seguir adelante evitando derrotismos. Nadie es determinado y fuerte todo el tiempo y tampoco los dolores duran siempre. Olvido es una actriz que sobrevive con trabajos eventuales de camarera, y León intenta mantener los empleos que consigue adherido al programa de una asociación de personas con neurodiversidad. Ahora ambos se han marcado un propósito claro, encontrar una pareja y una autonomía económica que les procure una vida estable.

Cuestiones como las dificultades para conseguir y mantener ayudas estatales a familiares que se encargan de cuidar a personas en situación de dependencia, surgen en una película que no elude la observación de los personajes a nivel dramático pero que también adquiere un compromiso social. Otro de los temas fundamentales del film es la salud mental, que está tratada de manera acertada y a la vez didáctica. El film nos muestra los protocolos que siguen personas con pensamientos negativos tras intentos de suicidio y lo espinoso que resulta para las familias seguir conviviendo juntas tras episodios  que resultan complicados de exponer narrativamente. Aunque este tipo de circunstancias son del todo lógicas en la trama, el director incide en ellas de manera intencionada. A nivel cinematográfico quizá es una película que parece demasiado pensada en este sentido. La cinta original incurría en ello de manera más orgánica y natural, y ahora los mimbres resultan más evidentes. Se echa de menos más mimo a la hora de plasmar visualmente estas ideas, más allá de una sucesión de secuencias marcadas y acentuadas para justificar la existencia de esta segunda parte.

Pero sobre todo, Olvido y León es una película que demuestra un enorme cariño por sus personajes. Recupera el tono incómodo y la negrura del humor que dotaban de interés y personalidad a su predecesora. No hay que olvidar que León y Olvido llegó a ganar el premio a la mejor dirección y a la mejor actriz en el festival de Karlovy Vary, entre otros galardones en festivales internacionales. Después de ésta, llegaron otras películas que compartían el interés por visibilizar al colectivo Down, mostrando sus singularidades procurando eludir la condescendencia, como Yo, también de Álvaro Pastor y Antonio Naharro.

Marta Larralde se dio a conocer con Lena, también de Bermúdez, pero Olvido es uno de los  de los personajes más importantes de su carrera. Se nota la emoción del reencuentro y el director sabe sacar lo mejor de ella. Larralde es una actriz a reivindicar que merece más papeles. Guillem Jiménez derrocha carisma e ilusión, se advierte el esfuerzo en cada frase pero a veces sucede la magia y León vuelve a recordarnos que estaba ahí, esperando este momento. Tristemente éste es un estreno póstumo para el actor, que lamentablemente falleció hace escasas semanas antes de que la película viera la luz para el público.

Marta Larralde llora la muerte de Guillem Jiménez en la presentación de ' Olvido y León' | Onda Cero Radio

Resulta emocionante presenciar que la química espontánea que nació entre dos actores hace quince años en el set de rodaje se ha asentado con los años de manera palpable. Para los que la vimos entonces, hoy esta reunión adquiere relevancia y cerramos una etapa junto a ellos. Quizá el individualismo sea una quimera, puede que el sentimiento de pertenencia sea algo inherente al ser humano y a lo mejor para ciertas personas hay otras que significan su ejército, sus leyes, su Dios, sus padres y su patria. O puede que todo eso no sea nada más que la letra de una canción con la que nos evadimos del aquí y del ahora.

CHEMA LÓPEZ

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