Crítica de «Calle Málaga». Ensoñación nostálgica tangerina con una estratosférica Carmen Maura

Tras dos películas de fuerte carga dramática y social como Adam y El Caftán azul, donde exponía con valentía la complejidad de diferentes estigmas arraigados en la sociedad marroquí, Maryam Touzani salta a la comedia con Calle Málaga, esta vez abordando desde el cariño y luminosidad aquello que enamora del país alauita y de sus gentes.

Maria Ángeles (Carmen Maura) es una mujer española de 79 años que reside en Tánger, la ciudad donde creció y vivió los mejores años de su vida. En una excepcional presentación del personaje, descubrimos una vida idílica entre los coloridos zocos tangerinos y un ambiente de comunidad que recuerda a épocas pretéritas en España, pero todavía existente en el país vecino. La calidez del trato de Maria Ángeles con vecinos y comerciantes brinda una brillante ensoñación nostálgica de una época dorada en Tánger, marcada por la convivencia. 

Cuando su hija Clara (Marta Etura) le anuncia su intención de vender el piso donde reside, Maria Ángeles ve amenazado su ecosistema, con epicentro en ese bonito hogar repleto de recuerdos. Tras una larga etapa de estancamiento, la actriz Marta Etura lo borda en su fiel representación de todo lo malo de la sociedad occidental contemporánea, marcada por el egoísmo supino generacional y una especial necesidad de impedir al prójimo vivir su vida como le dé la gana. El contraste entre madre e hija es brutal: mientras una rebosa libertad y felicidad, la otra es pura amargura. 

La película, además, ahonda en la repugnante infantilización de los mayores, tanto por parte de esa hija imponiendo lo que ella considera que es lo mejor para su madre, como en el trato a los ancianos en residencias, donde sucede una de las escenas más desternillantes de la película. 

A partir de aquí, Calle Málaga nos narra la firme determinación de la protagonista por continuar su vida, viviendo como una batalla ganada cada vez que retoma alguna de sus rutinas diarias, como regar sus geranios mientras observa la vida callejera; o recupera alguno de sus objetos más preciados, como una vieja lámpara o tocadiscos. De nuevo, destaca la alianza con la comunidad local, resaltando su simpatía, bondad y una conexión mágica entre españoles y marroquíes, algo que los que hemos vivido en el país entendemos perfectamente. Este aspecto -que ojalá se hubiese profundizado más- sirve además de canto anti racista en una época especialmente convulsa. 

Touzani demuestra un gran pulso de dirección, logrando que todos los personajes terciarios estén bien. Pero es la interpretación de Carmen Maura lo que eleva el film a otra dimensión. La madrileña está excelsa, prácticamente omnipresente, dominando el tempo cómico y la expresividad. El recital es tan abrumador que ya se posiciona como firme candidata al Goya 2027. 

La película apuesta acertadamente por un tono feel good y complaciente, por lo que quizá el cierre genere alguna duda en los espectadores. 

PUNTUACIÓN: 7 

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