Crítica de #LaAbuela. La vejez como algo grotesco

El viernes 28 de enero llega por fin a los cines La Abuela, programada inicialmente en 2021 y aplazada -acertadamente- ante el colapso de películas en cartelera. Se trata del primer estreno relevante de cine español en 2022.

La Abuela supone el regreso de Paco Plaza al terror puro tras su aplaudida incursión al thriller en 2019 con Quien a hierro mata. Antes, había logrado aupar el género terror paranormal a lo más destacado de la temporada de premios 2018 gracias a Verónica, nominada al Goya a mejor película, guion o dirección, algo que históricamente solo se había vivido en contadas ocasiones (Los otros y El orfanato fueron los únicos precedentes).

Partiendo de una idea original del propio Plaza y desarrollada por Carlos Vermut -cuyas pinceladas perversas impregnan el ambiente-, La Abuela plasma una inmisericorde descripción del tránsito a la vejez como algo grotesco, terrorífico, siendo un reflejo y metáfora feroces del culto actual al físico, la idealización de la juventud y el terror obsesivo a envejecer.

La Abuela no es una película de terror mainstream que regale continuos golpes de efecto. La premonitoria frase de «no hay nada más apasionante que una luz a punto de apagarse» da paso a una cocción a fuego lento de los dos primeros tercios, cayendo en una rutina que quizá aleje a cierto público palomitero que recientemente ha vibrado con el despliegue de sustos y sangre de Scream. Ese tramo probablemente se prestaba a algo más de acción, pero en la película más autoral de Plaza simplemente se limita a salpicar de leves recursos del género, deleitándose y deleitándonos en otros aspectos como su exquisito trabajo de arte y numerosos destellos de dirección.

Es en el tramo final cuando todo explota, dejándonos terrorícicas escenas de gran potencia y un desenlace memorable.

Resulta esencial que Susana, el personaje protagonista interpretado por la debutante Almudena Amor, sea modelo. Y no solo eso. Que su partenaire en pantalla esté interpretado por la veterana Vera Valdez, ex top model brasileña musa de Coco Chanel, no hace más que restregarnos la efimeridad de la belleza en un relato donde relojes y espejos son una constante.

Es aquí -y no El buen patrón– donde Almudena Amor brinda la mejor interpretación revelación de la temporada, en una mezcla de glamour, fragilidad y fuerza. También glamour a raudales de Vera Váldez, quien impresiona más allá de su perfecta fotogenia decrépita en un papel que parece diseñado para ella, logrando que unas simples carcajadas sean capaces de aterrorizar al espectador más que un baño de sangre.

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