Crónica 29 Festival de Málaga: Iván y Hadoum, Mi querida señorita

Desde hace unas cuantas ediciones, el Festival de Málaga viene nutriéndose a la hora de configurar su programación de películas que han sido exhibidas previamente en la Berlinale. Películas como “Cinco lobitos”, “Verano 1993” o “Sorda” tuvieron su premiere en el certamen alemán antes de desembarcar en la alfombra roja andaluza. Este año, ese perfil lo cumple “Iván & Hadoum”, que recientemente fue proyectada en Berlín dentro de la sección Panorama.

“Iván & Hadoum” es el primer largometraje de Ian de la Rosa y presenta la historia de amor entre dos personas pertenecientes a colectivos históricamente maltratados: Iván es un hombre trans y Hadoum es una migrante marroquí. La película se desarrolla en la provincia de Almería, en esa área en la que el mar de plástico inunda el territorio y concentra una de las zonas de España donde vive mayor número de inmigrantes. Los dos protagonistas trabajan en la misma fábrica; uno como encargado de línea y otra como envasadora. La película muestra la aproximación entre ellos de forma fresca y natural, y pronto descubrimos que ambos se conocen desde el instituto, antes de que Iván iniciara su transición. La química que desprenden los dos intérpretes cuando están juntos es la fortaleza de una relación que sentimos como sincera y honesta.

Uno de los aspectos más sorprendentes del filme es que las condiciones de ambos personajes no son determinantes en el desarrollo de la historia de amor. El romance es bastante convencional, pese a que su mezcla pueda no serlo. Aunque en ningún caso se oculta la condición de Iván como hombre transgénero, no es uno de los ejes del relato. No existe ningún problema a este respecto dentro de la familia directa de Iván ni tampoco ninguno de los conflictos que se producen dentro de la nueva pareja están relacionados con ello. En “Iván & Hadoum” el problema está íntimamente relacionado con el choque de clases, obligándonos a superar ideas preconcebidas que pudiéramos tener antes de ver la cinta y a comprobar como este Romeo y Julieta almeriense tiene su principal escollo en un conflicto laboral.

La película expone con acierto la situación de la clase trabajadora, donde los empleados de base son los principales damnificados de la posible venta de la empresa a inversores internacionales. En la historia somos testigos de cómo la precariedad laboral provoca que Hadoum sea privada de recibir asistencia médica tras un accidente en el trabajo o cómo las trabajadoras se unen para una incipiente acción sindical de protesta. Ian de la Rosa sabe reflejar la dureza de ese entorno laboral, en ocasiones asfixiante, y logra crear un marco idóneo para que entendamos el dilema de Iván. El joven se juega un ascenso que depende del éxito en la venta de la empresa que su novia está intentando boicotear y este conflicto ejerce como vehículo de una potente crítica política y social.

Hay que destacar la emotividad de los momentos más íntimos que comparten Iván y Hadoum, interpretados por Silver y Herminia Loh, dos actores que exuman una dignidad y un corazón deslumbrantes. Las escenas sexuales están retratadas con naturalidad y sin tabús, logrando sin ningún artificio la perfecta representación de esas relaciones veinteañeras en las que la pasión puede más que nada. Uno de nuestros diálogos favoritos escuchados en el festival tiene lugar en esta película cuando la hermana del protagonista le reprocha la relación que mantiene con Hadoum indicándole “¡Esa tía te está comiendo la cabeza!”, a lo que Iván replica “Lo que me come es el coño”. Ese intercambio es una buena definición de lo que ofrece este drama romántico con realismo social. “Iván & Hadoum” es una delicada e íntima representación del amor desde distintos orígenes sociales que nos confirma que, para ver buen cine en Málaga, no conviene perder la pista a Berlín.

Esta 29ª edición del Festival de Málaga ha tenido una importante presencia LGTBIQ+ en las temáticas de sus películas. Pero si hay una letra de las siglas que habitualmente resulta casi invisible es la “I” de intersexual. “Mi querida señorita” de Fernando González Molina apuesta por dar una visibilidad inédita a esta variación biológica que resulta tan desconocida para la mayoría del público. Es muy loable la intención del director por resultar tan didáctico al exponer la intersexualidad, introduciendo explicaciones detalladas de las características sexuales del personaje principal.

Para este acercamiento se ha basado en una de las obras cumbre del cine español de los años 70, la película de Jaime de Armiñán protagonizada por José Luis López Vázquez que llegó a ser incluso nominada al Oscar. Pese a que este proyecto se anunció como remake de aquella, realmente es una versión muy libre, algo por otra parte lógico dada la rareza única de la cinta de Armiñán y su dificultad para trasladar esa historia a la actualidad. La “Mi querida señorita” de 1972 actúa para ésta de 2026 como lo hizo “El mago de Oz” para la “Rainbow” de Paco León: una leve inspiración que toma algunos elementos prestados del original para desarrollar realmente una historia nueva con un desatado toque queer.

La película sí mantiene la división en dos tiempos en diferentes ciudades que realizaba su predecesora. En esta ocasión comienza en una Pamplona oscura y sombría donde Adela (intepretada por la actriz intersexual Elisabeth Martínez) lleva una vida mustia y apagada por la represión de una familia que siempre le ha hecho sentir diferente, sin darle ninguna explicación. Aunque el rótulo nos avisa de que nos encontramos en 1999, da la sensación de que estamos varias décadas atrás, puesto que la visión que ofrece la cinta de esta ciudad de provincias conservadora y retrógrada parece más propia de otra época. Las anacronías del relato son uno de los puntos más desconcertantes de la película: pensar que el entorno represor que muestra puede alojar en su diócesis a un cura que viste camisetas con el rostro de Divine o hace sonar a Mónica Naranjo en la iglesia exige demasiados saltos de credibilidad para asumir la fantasía del director. Ese personaje que interpreta Paco León no hay por donde cogerlo y en sus apariciones provoca que la película bordee el desastre.

Es en esa primera mitad cuando se produce el encuentro entre Adela e Isabel, el equivalente al personaje de Julieta Serrano, que en esta ocasión interpreta Anna Castillo. La actriz catalana aporta su enorme carisma, pronunciando sus diálogos con su clásica naturalidad desbordante y mostrando una calidez y un cariño hacia la protagonista muy especiales. Castillo es lo mejor de la película, ejerciendo como un faro de luz en el drama y bajando a la tierra los delirios del filme. La debutante Martínez, por el contrario, aunque da bien la vulnerabilidad del personaje, mantiene un tono de voz tan lineal y monocorde en todas sus intervenciones que resulta muy pesado y su inexperiencia acaba siendo demasiado evidente.

El segundo tramo de la película tiene lugar en la Madrid del año 2000 y, al igual que ocurría con la capital navarra, apreciamos una realidad distorsionada, pero en sentido contrario. La visión de Madrid está absolutamente idealizada, reflejando un paraíso queer mucho más moderno y actual que la época que pretende ser. La llegada a la urbe madrileña transforma por completo a nuestra protagonista, actuando como viaje de descubrimiento personal. Las circunstancias que se viven en el piso que Elisabeth Martínez comparte con Lola Rodríguez y Manu Ríos nos levantan una sonrisa por lo estrafalarias, pero se sienten completamente irreales. No obstante, no hay duda de que la propuesta respira atrevimiento y valentía, y toda su segunda mitad está llena de guiños a referentes LGTBIQ+ que encajan bien con el espíritu transgresor de la película. Creemos que se abusa de diálogos muy explicativos para transmitir el mensaje del filme y hay conversaciones que suenan antinaturales, pero la potencia del mensaje reivindicativo en pro de la diversidad sobresale sobre las formas. Es de agradecer que Netflix haya apostado por una película tan arriesgada y que la plataforma haya promovido una propuesta que puede acabar resultando muy de nicho. Aquellos que se emocionaron con “Te estoy amando locamente” hace unos años tendrán una nueva ocasión de conmoverse con esta sesión de cine queer identitario dirigida a los espíritus más libres.

JAVIER CASTAÑEDA

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