Pros y contras Goya 2026 – Mejor película

Hoy es el día y ya está todo preparado para que Barcelona se vista de de gala y acoja la 40ª edición de los Premios Goya. Como preparación, ofrecemos nuestro último repaso, analizando las candidatas en la categoría principal. El quinteto es fiel reflejo de un año de altísima calidad en nuestro cine. Todas las nominadas tienen méritos que las harían merecedoras del Goya a mejor película, pero a la hora de hacer pronósticos, sólo recordemos que la gala que empieza hoy a las 22h de la noche terminará… el domingo.

LOS DOMINGOS, de Alauda Ruiz de Azúa

13 nominaciones

A favor: Es la primera película de toda la historia que consigue hacer pleno en el Big 5 de premios precursores (Forqué, Feroz, CEC, Fotogramas de Plata y Sant Jordi). También es la cinta más taquillera de las candidatas. Éstos son algunos ejemplos del fenómeno que ha sido “Los domingos”: una película llena de matices que plantea más preguntas que respuestas, que expone sus conflictos de forma sutil y delicada, y en la que el debate que suscita resuena durante mucho tiempo después de haberla visto. Cuenta con la galería de personajes más ricos que hemos visto en mucho tiempo. Esa adolescente a la que sólo han hecho caso en el colegio precisamente en la época de la vida donde se forja la personalidad. Ese padre que juega la baza de que respeta la decisión de su hija pero que se ha desentendido de forma egoísta. Esa tía fiera y vehemente que sacará uñas y dientes para evitar que su sobrina se pierda las experiencias que ofrece la vida, pero que su propio universo personal se está viniendo abajo. Esa monja de aspecto dulce pero que sabe ver la herida y las carencias de Ainara para aprovecharse con cinismo. Ese consejero espiritual jovial de aspecto agradable y jovial que pone contra las cuerdas a la joven en cada ocasión. Los personajes magníficos de “Los domingos” son pieza clave de la solidez de la película, engrandecidos por las excelentes interpretaciones de todo el reparto. Su historia de fe, búsqueda personal e incomprensión es la excusa para mostrar como nadie el retrato de una familia en descomposición y la demanda de sentirnos acompañados. Porque todos hemos necesitado alguna vez que nos digan “Quédate”. La película consigue brillantemente la difícil tarea de despertar las emociones más intensas y profundas en el espectador, pero hasta se permite sorprendernos con golpes de humor (esos rezos por los inspectores de Hacienda, esas apostillas de Itziar Aizpuru). Si el voto depende del regusto final que la cinta deja en el espectador, no hay duda de que el premio será para “Los domingos”: la película se desarrolla en un continuo in crescendo hasta terminar en un último acto de escándalo. Para cuando escuchamos esa versión coral del “Aitormena”, sin saber bien cómo, nos damos cuenta de que hemos quedado devastados. Hasta esta nueva ola de espiritualidad que parece inundar la sociedad y que ha hecho que artistas musicales impregnen sus trabajos de imaginería cristiana, juega a favor de la victoria de la película. Si nosotros fuéramos creyentes, también adaptaríamos la demoledora frase que pronuncia Blanca Soroa como forma de transmitir nuestra fascinación por la película y nuestros deseos para esta noche: rezaremos por ti, Alauda.

En contra: Habrá quien piense dentro de la Academia que ya se premió en su momento a una película sobre el adoctrinamiento religioso como “Camino” y que conviene optar por temáticas diferentes aún no tratadas. Desde que existen los Goya, el premio a mejor película del Festival de San Sebastián ha recaído 11 veces en cintas españolas. Solamente 2 de ellas (“Los lunes al sol” y “Días contados”) repitieron victoria en los Goya, lo que demuestra que los académicos no se dejan impresionar por la Concha de Oro.

SIRAT, de Oliver Laxe

11 nominaciones

A favor: La Academia lleva más de dos décadas soportando las críticas que periódicamente recuerdan el error histórico que cometió ignorando a “Hable con ella” pese a su éxito internacional. Negar el premio a una película como “Sirat”, que ha sido nominada en Oscar, Globos de Oro, Bafta o César, supondría revivir fantasmas del pasado y arriesgarse a que la Academia sea acusada de desdeñar al cine que tan raras veces consigue una notoriedad de este calibre. En los últimos 25 años, todas las películas españolas que fueron nominadas al Oscar de película de habla no inglesa recibieron el Goya de mejor película. Desde el momento de su estreno, el ruido en torno a la cinta superó el circuito cinéfilo en el que estaba destinada a moverse para convertirse en una obra conocida por el público general, entre el que se instaló la idea de que era una película que había que ver. Aquellos que tuvieron la suerte de poder ver “Sirat” en un cine se encontraron con una experiencia única: un viaje por el desierto sustentado en la increíble fuerza de sus imágenes y de una envolvente banda sonora más efectiva que cualquier alucinógeno. La película consigue que el trayecto entre esos sinuosos caminos montañosos o esas carreteras sin asfaltar transmita al espectador la misma sensación de angustia y fatiga que a sus personajes. Cuenta con el giro de guion más impactante del año, que provocó gritos angustiosos en las salas y logra el doble objetivo de sorprender y sobrecoger, a costa de romper con una de los tradicionales tabúes en el cine. Visionar “Sirat” supone asistir a la obra cumbre de un cineasta radical que retuerce el género de la road movie y utiliza la premisa del filme como macguffin para introducirnos en un trance hipnótico. Su tramo final en el campo de minas implica dejarse las uñas en la butaca ante la tensión insoportable de esta bajada a los infiernos de tintes distópicos. La imagen de ese tren de repatriados en un camino sin horizonte claro puede ser la representación más efectiva y cruda de un mundo tan hostil como el actual. Y en una época en la que abundan las secuelas, los remakes y las películas prefabricadas, cómo se agradece que nuestra cinematografía sea capaz de producir una obra tan singular y desafiante.

En contra: También cuenta con un buen número de detractores, como prueba el continuado descenso en su nota media en Filmaffinity o los ataques furibundos que el filme recibe en redes sociales. Los comentados giros de guion actúan para gran parte de los espectadores como efectismos vacuos y un abuso de manipulación emocional que roza el sadismo. Es una película que no busca complacer, sino provocar y descolocar. En una Academia que en los últimos años se ha decantado por propuestas populares y aptas para todos los públicos, “Sirat” resulta la antítesis de lo que se viene premiando con el Goya a mejor película. Además, el hecho de que no haya tenido nominaciones interpretativas hace pensar que no cuenta con el apoyo de la rama de actores, la más numerosa dentro de la Academia. Desde que en 2013 se aumentara a cinco el número de nominadas en Mejor Película, únicamente “Loreak” y “Entre dos aguas” habían sido candidatas sin ninguna nominación actoral. Por supuesto, ninguna ganó el Goya.

MASPALOMAS, de José Mari Goenaga y Aitor Arregi

9 nominaciones

A favor: La valentía de poner a un hombre de 75 años en el centro del relato y apostar por un retrato honesto de la homosexualidad en la tercera edad, plasmando las dificultades vitales por tener que volver a esconder una parte de sí mismo. “Maspalomas” expone cómo el deseo sexual no se apaga con la edad y cómo un entorno no seguro puede llevar a la represión por miedo a las posibles represalias. Pero pese a estar narrada desde el punto de vista de su protagonista, la película no rehúye mostrar el dolor que éste ha causado en su entorno más directo. En las escenas con esa hija que ha heredado de su padre la incapacidad de expresarse están algunos de los momentos más brillantes de la cinta, donde apreciamos el rencor acumulado pero combinado con un cariño profundo. Sentir en cada nuevo encuentro cómo las heridas abiertas van sanando es propio de una sensibilidad muy vasca, en la que los silencios dicen más que las palabras. Además, la película nos plantea interesantes reflexiones, como aquella en la que define a Maspalomas como un armario gigante donde la vida de los homosexuales allí responde más bien a un espejismo de libertad. También logra producirnos un efecto descorazonador en una de las mejores escenas de la película: la última conversación del personaje principal con la psicóloga. En ese momento en el que Vicente se arma de valor confesando su homosexualidad (“Casi me ha costado más que lo que me costó la primera vez”) y la respuesta que recibe le incita a seguir guardándose el secreto, nos habla de la frialdad de ciertas estructuras y cómo reafirmarte en quién eres puede llegar a convertirse en un acto casi heroico. “Maspalomas” es un trabajo plenamente coherente con la trayectoria de los Moriarti, un grupo de cineastas que han consolidado una filmografía estupenda. Ésta ya es su cuarta nominación a mejor película y alguna vez tendrá que llegarles el Goya. La letra de la maravillosa canción de Franco Battiato que cierra la película (“tuvimos tantas ocasiones perdiéndolas… el tiempo no regresará más”) puede alojarse en la cabeza de los académicos y alentarles a no dejar pasar más oportunidades para recompensar a los Moriarti.

En contra: La película abre tantas subtramas que algunas no terminan de funcionar. Los paralelismos del encierro del protagonista con la pandemia no están del todo bien llevados y la introducción del covid como parte de la trama se siente algo superflua. También la referencia a la ultraderecha, con esos diálogos del compañero de habitación explicitando su voto a Vox, o el encuentro con el nieto, resultan algo forzados.

LA CENA, de Manuel Gómez Pereira

8 nominaciones

A favor: Fue la gran sorpresa de las nominaciones, así que quién sabe si puede continuar la racha en la segunda tanda de votaciones. Los Goya han sido mucho más abiertos hacia la comedia que otros premios similares y hasta nueve de las cuarenta ganadoras de mejor película podrían encajarse en este género, con “El buen patrón” y “Campeones” como últimos exponentes. “La cena” actualiza la fórmula de comedia fresca con amplios repartos que tan bien ha sabido producir el cine español siempre, e introduce un punto de crítica política a través de la sátira y la farsa, ejerciendo de perfecto colofón a la conmemoración del 50 aniversario de la muerte del dictador Franco. La película no opta por buscar la carcajada fácil, apostando por un tono ligero y una sucesión de enredos presentados con ritmo endiablado para lograr la sonrisa permanente. Sabe respetar el origen teatral de la historia, pero adaptándose al formato cinematográfico. Cuenta a su favor con unos actores entregados, donde la química entre ellos permite generar momentos redondos que nos hablan de las dos Españas (ese “es imposible; todos los cocineros de Madrid son de izquierdas” sirve para conectar por primera vez a San Juan con Casas e introduce el primer conflicto de la película). La dignidad que emanan sus personajes hace que trasluzca ese ideal que la película quiere transmitir en pro de la memoria histórica y en contra de la violencia política. El buen oficio de un recuperado Gómez Pereira al frente de la cámara sin duda captará la atención del sector más nostálgico de académicos, que se dará cuenta cuánto hemos echado de menos en estos años a un director que tan buenos momentos nos regaló durante los años 90.

En contra: Haber sido excluida de las nominaciones al Forqué es casi una sentencia de muerte: en toda la historia solamente una película (“Vivir es fácil con los ojos cerrados”) consiguió el Goya a mejor película pese a haber sido ignorada por los productores. Las comparaciones con Berlanga y Azcona que tanto abundaron en las críticas publicadas en el estreno de la película han sido contraproducentes. Quien esperara una comedia a la altura de las grandes cintas del maestro valenciano sólo podía terminar decepcionado al encontrarse una película simpática y muy eficaz, pero que en ningún caso podía equipararse a las grandes comedias clásicas de nuestro cine. La cinta cuenta con algunos clichés insalvables, como ese villano unidimensional que encarna Asier Etxeandia y que se siente exagerado.

SORDA, de Eva Libertad

7 nominaciones

A favor: Una obra que merece como pocas el calificativo tan manido de necesaria. “Sorda” es una película única, rebosante de autenticidad, que hace abrir los ojos al público oyente ante múltiples situaciones a las que se enfrentan cada día las personas sordas y que ni se nos pasan por la cabeza. Dos escenas de la película permanecen vívidas en nuestra memoria casi un año después de su visionado. Por un lado, la impresionante escena del parto, que tanto impacta por su crudeza y en la que es imposible no sentir el pánico y ansiedad que experimenta Ángela: el momento en que ésta arranca la mascarilla a la matrona para leerle los labios resulta demoledor. Por otro, recordamos esa discusión entre la pareja transmitida mediante lengua de signos, en la que el rencor acumulado sale a relucir y no pueden evitar hacerse daño. El cine ha pecado tradicionalmente de cierta condescendencia al reflejar a las personas con discapacidad, por lo que el retrato que realiza la película sobre su personaje protagonista es tremendamente estimulante. La Ángela que tan bien interpreta Miriam Garlo es un personaje antipático y contradictorio, que no cae en el buenismo, sino que explora las dobleces y complejidades de cualquier ser humano. El visionado de la película nos dirige a un proyecto profundamente personal, en la que sentimos la implicación absoluta de su directora por visibilizar un tema que le atañe directamente. Ideas tan arriesgadas como el cambio de perspectiva en la audición del filme para hacernos sentir en la piel de la protagonista resulta coherente con el desarrollo de la película y contribuyen a redondear un trabajo magnífico. Igualmente, en una realidad donde es tan difícil sacar adelante cine fuera de Madrid y las comunidades históricas, resultaría muy potente conceder el máximo premio a una película gestada y realizada en Murcia, permitiendo reconocer igualmente la pluralidad de nuestro país. Con “Sorda”, la Academia puede demostrar su compromiso social lanzando un mensaje muy poderoso en favor de la diversidad y reconocer a una película que debería mostrarse en todos los colegios.

En contra: Llevamos tanto tiempo hablando de “Sorda” que puede haber provocado cierta saturación entre los académicos: llevamos 6 ganadoras consecutivas estrenadas en el último cuatrimestre del año, lo que parece indicar que de cara al premio final la Academia suele decantarse por opciones más frescas y menos quemadas. La película es clara favorita para llevarse 4 premios: dirección novel, guion adaptado, actor de reparto y actriz revelación. Los votantes pueden considerar que “Sorda” ya tiene suficiente recompensa y reservar el premio principal para una producción mayor.  

JAVIER CASTAÑEDA

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