
La categoría de Mejor Dirección se presenta este año como la más festivalera de la historia de los Goya. Tres de los trabajos candidatos participaron en el Festival de San Sebastián, dándose la curiosa circunstancia de que 2 de ellos ganaron la Concha de Oro a la Mejor Película. Los otros dos nominados compitieron en la Sección Oficial del Festival de Cannes, el más importante del mundo. En esta edición histórica por la múltiple presencia en certámenes tenemos uno de los Goyas más emocionantes de la noche: el pulso entre Oliver Laxe y Alauda Ruiz de Azúa no se resolverá hasta el final.
AITOR ARREGI y JOSÉ MARI GOENAGA, por Maspalomas
4ª nominación / 0 Goyas

A favor: Son los máximos exponentes del cine hecho desde Euskadi, la región que viene demostrando en los últimos años el mayor dinamismo y diversidad en temáticas y referentes. Pocos cineastas pueden afirmar abiertamente que no tienen película mala, pero ellos con “Maspalomas”, su reflexión sobre las dificultades de expresar la identidad sexual en la vejez, confirman que tienen una filmografía redonda. Su valentía al abordar este tema se plasma en escenas que rara vez hemos visto en nuestro cine, como las escenas de cruising entre las dunas o la secuencia en la que el protagonista contrata servicios de prostitución masculina y lo cuela dentro de la residencia. Goenaga y Arregi son maestros tanto a la hora de implantar un ritmo desenfrenado en el frenesí de la noche canaria, como en su mirada sobria de la rigidez y seriedad del geriátrico vasco. El contraste entre ambas partes, conseguido a base de las brillantes decisiones visuales y narrativas del dúo, es muestra del buen hacer de unos cineastas capaces de adaptar su estilo en función de la historia que tengan entre manos. Conseguir nominación en mejor dirección dos años consecutivos es toda una hazaña muy difícil de materializar, por el necesario reposo que suelen requerir los proyectos. Tras su candidatura por “Marco” el año pasado, Aitor Arregi se convierte en la tercera persona en toda la historia en lograr este hito (tras Vicente Aranda e Icíar Bollaín), lo que da cuenta del gusto de la Academia hacia los Moriarti.
En contra: Que este premio lo gane un trabajo en pareja no deja de ser una anomalía y el año pasado ya ganó el combo Lacuesta-Rodríguez, por lo que cabe esperar que se regrese a la tradición de recompensar una labor que en la inmensa mayoría de casos se ejerce a título individual. Los frecuentes reconocimientos hacia los Moriarti por enfrentarse al tabú de la homosexualidad en la tercera edad olvidan que existe “En 80 días”. Hace quince años los realizadores ya realizaron una aproximación al amor entre dos mujeres septuagenarias con resultado sobresaliente, lo que disminuye el impacto de la historia que plantea “Maspalomas”.
OLIVER LAXE, por Sirat
2ª nominación / 0 Goyas

A favor: En este año ha pasado de ser un autor fuera del sistema, con cintas casi experimentales, a ser apadrinado por Movistar y convertido contra pronóstico en un director conocido por todo el país. Si “Sirat” se ha convertido en uno de los fenómenos cinematográficos del año es gracias al atípico artista que es Oliver Laxe: un director que entiende el cine como una oportunidad de remover al espectador y que en esta película utiliza todos sus recursos para provocar angustia, inquietud y sorpresa. Laxe logra con su filme provocarnos una sensación parecida al trance: en el fascinante viaje por el desierto de sus protagonistas podremos sentirnos enfrascados en plena rave y envolvernos hasta sentirnos parte de esa especie de religión de música electrónica y coloque trascendental. El trabajo de Oliver es el menos convencional de todos los candidatos y a través de su galería de inadaptados nos consigue llevar al éxtasis.
En contra: El talento de Galicia permanece inédito en los Goya: ningún director gallego ha logrado hacerse con este premio. Las múltiples entrevistas promocionales que ha dado Laxe en estos meses, en las que ha llamado la atención por su personalidad intensa y su profundidad espiritual, no parecen haber contribuido a ganar simpatías. Sus comentarios contraponiendo el cine de autor (“pan de cereal puro”) con el cine producido en Netflix (“pan bimbo”) han levantado en armas a una parte del sector que trabaja en gran parte gracias a las inversiones de la plataforma norteamericana. La amplia repercusión del post en Instagram de Jota Linares en el que reprendía a Laxe, incluyendo respuestas de importantes actores españoles, hace sospechar que Oliver no goza de suficiente predicamento entre nuestra industria para ganar este Goya.
ALAUDA RUIZ DE AZÚA, por Los domingos
2ª nominación / 1 Goya

A favor: Un trabajo que, dependiendo de los ojos de quien lo vea, puede representar una denuncia de cómo los vacíos emocionales son caladero perfecto para el adoctrinamiento, o un retrato blanqueado de la vocación religiosa. Si “Los domingos” ha sido la película que más encendidos debates ha suscitado este año, es gracias a la personalidad de su creadora y su capacidad para diseccionar las relaciones humanas. Su discurso de aceptación de la Concha de Oro (“no creo que intentar entender algo signifique validarlo”) es la mejor descripción de su labor al frente del filme. Alauda siente un profundo respeto hacia sus personajes, creados como seres complejos, sin manierismos ni estereotipos. Consigue que partiendo de una premisa desfasada e insólita sobre el papel, asumamos el dilema con credibilidad y naturalidad asombrosas. Ruiz de Azúa se confirma como magnífica observadora de los hogares vascos, logrando que comprendamos perfectamente a esa familia y haciéndonos testigos de una herida abierta creciendo sin remedio. La directora bizkaina es responsable de decisiones tan arriesgadas como utilizar argumentalmente la música urbana de Quevedo o plasmar en pantalla el momento exacto en que una joven recibe la llamada de Dios, una escena que nos ha dejado la boca abierta como pocas este año. Es experta en maximizar los medios de los que dispone, como esos interiores que consigue convertir en claustrofóbicos, o la colocación de los planos, como comprobamos en esa Nagore Aranburu en posición de superioridad en la charla con Ainara, que ejerce de reflejo perfecto de la dinámica de poder existente. Igualmente, su meticuloso trabajo de dirección de actores, cuidando hasta la más mínima aparición del reparto, es pieza clave de la verdad que respira la película. Alauda es la mejor directora surgida en la última década en nuestro país y estos Goya son la oportunidad perfecta para encumbrarla.
En contra: No es nada frecuente que un cineasta consiga tal unanimidad en su filmografía como para ser galardonado con sus dos primeras películas. Solamente hay 8 ganadores del Goya de dirección novel que consiguieron ser nominados a mejor dirección con su siguiente trabajo y de ellos, únicamente León de Aranoa y Bayona lograron alzarse con el premio mayor. Alauda se enfrenta a las acusaciones de equidistancia por parte de sus detractores, y no figurará en las papeletas de aquellos votantes más ideologizados que no sean capaces de superar sus ideas preconcebidas acerca del tema de la película.
CARLA SIMÓN, por Romería
3ª nominación / 1 Goya

A favor: Compite con su mejor película y un cierre magnífico a la trilogía sobre sus orígenes. El viaje a Vigo en búsqueda de respuestas que presenta “Romería” supone una nueva muestra de la naturalidad y soltura que impregna el cine de la directora, volviendo a profundizar en temas como las heridas familiares. Su capacidad para generar atmósferas nos lleva a sentirnos profundamente incómodos cuando vemos a Marina entre esos extraños con los que sólo la une un vínculo de sangre. En escenas como la que su abuelo le entrega un sobre lleno de dinero a cambio de aparcar las gestiones en el registro para recuperar el apellido paterno, la directora genera un ambiente terrorífico, en el que la tensión y tirantez casi se pueden palpar. Igualmente, el primer encuentro de Llúcia García con su abuela nos produce tal rabia ante el desdén de la anciana, que habla de lo bien que Carla sabe dibujar las personalidades familiares con apenas unos minutos en pantalla. Pero a diferencia de sus trabajos previos, en los que su tono neorrealista las hacía bordear casi el documental, Simón sorprende con un enorme salto cualitativo abrazando la fantasía y el onirismo. En ese tramo que rompe con todo lo que habíamos visto en la cinta hasta ese momento, la directora nos cautiva con esa proyección de la imaginación de su protagonismo, con aires de fábula fascinante. El aire poético y la sensibilidad de esas poderosas imágenes que acontecen en las Cíes nos deslumbran y nos dejamos llevar por la experiencia sensorial que propone la directora. Cuando el tono se oscurece y da paso al proceso de autodestrucción, nos damos cuenta de que “Romería” ha cruzado otra dimensión más allá del entorno directo de la cineasta, y su voz se amplía para echar la vista sobre toda una generación perdida. Cuando vemos ese “Bailaré sobre tu tumba”, en el que los personajes van cayendo a medida que van siendo víctimas del drama de la heroína que asoló la Galicia de los 80, un escalofrío recorre nuestro cuerpo. La visión de todo el grupo de jóvenes convertidos en fantasmas es uno de los momentos más potentes que hemos visto en nuestro cine en mucho tiempo.
En contra: Es una pena, pero el gran hito que supuso que la catalana diera el salto a la Sección Oficial del festival más importante del mundo parece haber quedado sumido en el olvido, eclipsado por el boom de Oliver Laxe en Cannes. Carla se fue de vacío en los Gaudí, perdiendo en las categorías de dirección y guion ante la novel Eva Libertad. Si ni siquiera ha podido ganar en los premios de la Academia catalana, difícilmente podrá hacerlo en los de la española, con un núcleo de votantes que ya demostró con el doloroso vacío a “Alcarràs” que no sienten especial predilección por el cine de Simón.
ALBERT SERRA, por Tardes de soledad
1ª nominación

A favor: Es un autor muy respetado dentro del cine europeo, con una fiel colonia de seguidores que venía reclamando su presencia en los Goya tras el cero absoluto en nominaciones de “Pacifiction”, anterior trabajo del cineasta de Banyoles. Serra demuestra en “Tardes de soledad” su increíble talento visual, destapando el poder estético del rito taurino en una cinta que basa toda su fuerza en la potencia de sus imágenes. La mezcla de planos con los que presenta las corridas funciona como una coreografía en la que el sonido, el montaje y la fotografía actúan de ensamblaje perfecto para reflejar la crudeza que busca el director catalán. Un hipotético Goya a Albert Serra recibiría sin duda el beneplácito de la crítica internacional, como prueba que la influyente Cahiers du Cinéma coronara “Tardes de soledad” como la mejor película del año. Además, conociendo la proverbial locuacidad del director, la Academia tendría garantizado un discurso de los que abren telediarios.
En contra: Cuesta creer que alguien que dispara en cada entrevista sobre la calidad del cine español y que continuamente habla con displicencia hacia sus colegas de profesión pueda generar un consenso suficiente como para hacerse con el premio. Tampoco puede olvidarse que es una cinta muy polémica, que más allá de los enconados debates que ha provocado entre taurinos y antitaurinos, centra todo su metraje en diseccionar un espectáculo tan controvertido como son las corridas de toros. Es la primera vez que un documental se cuela en la categoría de mejor dirección, pero ya había sucedido en tres ocasiones en el apartado de dirección novel, con “Paco de Lucía: la búsqueda”, “La plaga” y “My Mexican bretzel”. Ninguno de ellos ganó. Si un documental no ha podido romper el techo de cristal en la más asequible categoría de dirección novel, parece complicado que pueda lograrse en la especialidad principal.
JAVIER CASTAÑEDA
