Pros y contras Goya 2026 – Mejor actor protagonista

Cerramos nuestro repaso a las categorías interpretativas analizando los pros y los contras de los cinco hombres que se disputan el Goya de Mejor actor. Un quinteto que muestra el altísimo nivel de las actuaciones masculinas de 2025, pero que parte con un claro favorito. El veterano José Ramón Soroiz, actor de larga trayectoria pero con muy poca experiencia en cine, tiene todas las papeletas para ganar.

MARIO CASAS, por Muy lejos

2ª nominación / 1 Goya

A favor: Ofrece la mejor interpretación de su carrera, construyendo con maestría un personaje con una coraza enorme, repleto de unas inseguridades que le están condicionando por completo su vida. Frente a anteriores esfuerzos del actor, en los que optaba por el desenfreno y por actuar mucho y muy fuerte (recordemos “Escape” el año pasado), su cima interpretativa ha llegado con un papel que no puede ser más opuesto. Su trabajo en “Muy lejos” sorprende por su contención, basado principalmente en miradas que dejan entrever la verdadera naturaleza de su Sergio y en gestos sutiles en la manera en que trata a cada personaje. Desde el momento en que tira el pasaporte a la basura, comenzamos a ver a un hombre diferente a aquel que al comienzo se encuentra atrapado en el ambiente más tóxico del fútbol. Casas saca su lado más entrañable en esas clases de aprendizaje de holandés o al enseñar a su casera a preparar una tortilla de patatas, pero es en cada encuentro con su compañero marroquí donde apreciamos que ese bloqueo y esa protección autoimpuesta se van resquebrajando. En esta película somos testigos de algo tan mágico como es presenciar a un intérprete encontrando su identidad actoral, a la vez que lo logra el personaje. Observar a Mario en silencio y contemplar cómo se le cae una lágrima mientras escucha a su compañero de piso tocar el violonchelo resulta conmovedor y supone la madurez definitiva de un actor tantas veces infravalorado. Pero para terminar de convencernos, llega la escena de la discoteca. Y cuando oímos ese característico sintetizador, el ver a Casas comenzar a bailar y lucir esa sonrisa de aquel que ha vencido a uno de sus tabúes nos desarma. Porque tal y como dice la canción dosmilera que suena en ese momento, tal vez sólo teníamos que tomarnos nuestro tiempo y confiar en él. Porque podemos encontrar… el infinito.

En contra: Los prejuicios hacia su figura hacen que resulte difícil imaginar la frase “el ganador de 2 Goyas Mario Casas”. Da la sensación de que ni el propio actor coruñés confía en sus opciones, pues apenas ha hecho campaña y ha mostrado un perfil muy bajo durante la promoción de la cinta. Es muy difícil ser reconocido como el mejor actor del año siendo dirigido por un debutante: en toda la historia de los Goya sólo 2 óperas primas han llevado a su protagonista a la victoria, y de la última de ellas hace ya 18 años (el Alberto San Juan de “Bajo las estrellas”).

MIGUEL GARCÉS, por Los domingos

1ª nominación

A favor: Es uno más de los descubrimientos de la serie “Querer”, uno de los acontecimientos audiovisuales más relevantes de los últimos años. En su nueva colaboración con Alauda, supera el reto de dar vida a un personaje al que el guion le reserva una posición poco agradecida. Garcés está estupendo al encarnar a ese padre pasivo y pusilánime, logrando transmitir tanto el agobio y el peso que sufre su personaje por razones económicas como el enamoramiento hacia su nueva pareja. Es precisamente un desaire hacia Izaskun lo único que provoca que saque su lado más irascible: cuando reprocha a Ainara que deje por mentirosa a su novia, el actor levanta la voz por primera vez y apreciamos la rabia y la irritación de alguien egoísta y superado por la situación. En el resto de momentos cumbre, el trabajo de Garcés está más basado en silencios: cuando acude al convento a reunirse con la madre priora, asiste impertérrito al debate entre la monja y su hermana, en una difícil posición de puente entre dos mundos.

En contra: Muchos votantes se verán retraídos a votar por Garcés por el rechazo que es fácil sentir hacia su personaje: un hombre que ha incurrido en una clara dejadez en la educación de sus hijas, y en el que su apatía sobre el nuevo destino de su hija parece soslayar el alivio por tener una boca menos que alimentar. Además, es un caso claro de fraude de categoría, ya que, como bien han recogido los Feroz y la Unión de Actores, su Iñaki es un personaje secundario. Por mucho que participe en la película favorita de los Goya, hace frente a una maldición. En toda la historia de los premios sólo ha habido un Goya en Mejor Actor a una película dirigida por una mujer, y queda ya muy lejano: el Luis Tosar de “Te doy mis ojos”.

ALBERTO SAN JUAN, por La cena

5ª nominación / 2 Goyas

A favor: Gómez Pereira es experto en lograr inesperados Goyas para los protagonistas de sus comedias, como prueban los premios al Javier Bardem de “Boca a boca” o la Cristina Marcos de “Todos los hombres sois iguales”. Alberto San Juan puede presumir de llegar a la gala siendo el único del quinteto que ha conseguido lograr el pleno de precursores, con nominaciones en Forqué, Feroz, CEC y Unión de Actores. En “La cena” lidera una película que tiene sus mayores bazas en un reparto coral y perfectamente conjuntado, ofreciendo la actuación más destacada del filme. Interpretando al maître del hotel Palace, derrocha elegancia manteniendo el control en las escenas más puramente humorísticas y enriquece su personaje a base de astucia y fina ironía. Es un disfrute ver a su Genaro, pulcro y metódico, al frente de la organización del banquete, y aún más contemplar cómo explota su innegable química con Mario Casas. Juntos protagonizan varios momentos deliciosos, como cuando San Juan halaga al teniente afirmando con un hilillo de voz que “ser más hombre que usted me parece una desmesura de hombre” o en ese encuentro junto a la bañera donde se respira una intimidad especial. El talento del madrileño permite desarrollar varias capas en su personaje. A través de la película podemos ver cómo se achanta con la sola presencia del intimidante Asier Etxeandia o ante las amenazas de Carmen Balagué, donde nos impresiona verle tan asustado y frágil. San Juan está brillante en su nerviosismo enumerando los posibles contratiempos que podrían surgir durante la cena, mostrándose con esa inquietud y pesimismo propios de tiempos oscuros. Pero en su tramo final en Hendaya, San Juan parece otra persona, mutando a ese hombre carismático y luminoso que abraza la vida plenamente. Cuando expresa con pesadumbre que “en la España de Franco no hay sitio para alguien como yo”, no sólo resume el mensaje de la película; también retumba la voz de un hombre herido, pero que mantiene su integridad y dignidad.

En contra: Ya tiene 2 Goyas en su vitrina y la lista de actores que han llegado a tener 3 cabezones se cuenta (literalmente) con los dedos de una mano. Javier Bardem, Fernando Fernán Gómez, Luis Tosar, Juan Diego y Eduard Fernández, auténticos tótems de nuestro cine, son los únicos en haber alcanzado tal volumen de Goyas, y San Juan, pese a su indudable talento, no parece haber alcanzado todavía tal estatus de prestigio para unirse a ese Olimpo de mejores actores de la historia. Pese a que la insólita presencia de personajes homosexuales en esta categoría nos podría hacer pensar lo contrario, los Goya no han sido demasiado sensibles al colectivo LGTBIQ+ en sus 40 años de historia: únicamente Antonio Banderas ganó a mejor actor protagonista por interpretar a un hombre gay en pantalla.

MANOLO SOLO, por Una quinta portuguesa

5ª nominación / 1 Goya

A favor: Siendo un actor al que tradicionalmente solemos ver en papeles con cierta oscuridad, está excelso en su encarnación de alguien que fundamentalmente es un hombre bueno. Manolo Solo resulta una elección perfecta para que nos identifiquemos con alguien que toma una decisión tan problemática, logrando con su autenticidad y cercanía que comprendamos con facilidad su punto de vista. El actor algecireño hace de la contención virtud y evita cualquier dramatismo exagerado construyendo con maestría a ese personaje que va virando del desconcierto al confort durante su viaje de autodescubrimiento. Manolo realiza un meticuloso trabajo a la hora de reflejar la evolución de su Fernando/Manuel a través de pequeños gestos poco perceptibles. Además, se atreve incluso con el idioma portugués durante gran parte de la película y sorprendiéndonos con su pronunciación. El guion le permite disponer de todo un Goya-clip en el momento en que confiesa toda la verdad sobre su pasado, y Solo sabe otorgar a su discurso la combinación perfecta de fragilidad, profundidad y sensación de liberación. La sutileza en su interpretación se plasma en momentos como cuando expone su plan de plantación de almendros, donde sus ojos reflejan una ilusión desbordante, o ese primer desayuno en Barcelona, en el que logra transmitir sin palabras su incredulidad y confusión. Los fans de esa joyita llamada “Una quinta portuguesa” pueden no ser demasiados, pero sí son muy apasionados. Y es que, ¿cómo no pensar que los votantes pueden contagiarse de ese remanso de paz y felicidad y verse inclinados a votar por él? Aquellos académicos enamorados del cine profundo en la sencillez, y que valoren las segundas oportunidades en la vida tienen aquí una buena oportunidad de apoyar el proceso de reconstrucción emocional que borda Manolo Solo.

En contra: Es un personaje monótono, al que muchos definirían como un hombre gris. Demasiado minimalista para unos Goya que en esta categoría tienden a premiar trabajos mucho más “showy” como los de Eduard Fernández en “Marco” o Javier Bardem en “El buen patrón”. Manolo Solo ya perdió el Goya protagonista hace dos años con otro personaje en crisis existencial, pero con una película que sí tenía aspiraciones a todo como “Cerrar los ojos”. Por ello, en esta ocasión, en la que compite con una cinta tan pequeña, sus opciones se reducen aún más. Fue omitido de las candidaturas de los Feroz, algo que a priori le descarta para el premio: ningún actor protagonista ganó el Goya sin haber sido previamente nominado por la AICE.

JOSÉ RAMÓN SOROIZ, por Maspalomas

1ª nominación

A favor: Además de un equipo perfectamente conjuntado, los Moriarti se han revelado en estos años como hacedores de Goyas para sus actores: los intérpretes principales de sus tres últimas películas se hicieron con el cabezón. Soroiz ha resultado por sorpresa el rostro perfecto para encarnar este retrato identitario de la vejez homosexual. El actor guipuzcoano transmite con profundidad la frustración e incomodidad de su personaje al verse obligado a reprimir sus deseos y sus pulsiones. El cambio físico y emocional que experimenta a lo largo del metraje resulta impactante. En el segmento que se desarrolla en Canarias, además de participar en atrevidas escenas de sexo en la playa, Soroiz se deja llevar hacia el desenfreno de la noche, abrazando el hedonismo de su personaje en Maspalomas. El momento en el que un chico joven en la discoteca le hace una cobra y él exclama ofendido “¡Usted perdone, reina de la fiesta!”, con ese tono de chulería, nos fascina. Pero todo se transforma cuando la trama pasa al País Vasco y allí es cuando parece que estamos viendo a otra persona. Soroiz está sobresaliente transmitiendo esa tristeza metida tan adentro y las inseguridades a las que se enfrenta en la residencia. Con su mirada perdida post ictus, con su pánico cuando un compañero de la residencia le dice que le conoce, o con ese rechazo cruel a su enfermero que nos duele por lo que tiene de homofobia interiorizada, consigue que empaticemos sobremanera con la losa que supone vivir en un entorno no seguro. Es sin embargo en los encuentros con su hija cuando José Ramón muestra una vertiente más emocional a medida que el conflicto latente y las heridas del pasado van cerrándose poco a poco. Esa escena en la que, rebuscando entre una caja de viejos recuerdos, se atreve a contar un recuerdo infantil de cuando pidió una muñeca a los reyes magos, Soroiz emociona con un tono nostálgico y entrañable. Los amplios registros del intérprete vasco hacen de Vicente uno de los personajes del año, que se ha ganado con méritos propios el derecho a ser favorito indiscutible para ganar este Goya.

En contra: Los numerosos reconocimientos recibidos por su trabajo no significan que las alabanzas hayan sido unánimes por completo, contando con una debilidad especialmente sangrante: la omisión en las medallas CEC. En toda la historia de estos premios, sólo ha habido un actor que consiguiera ganar el Goya sin haber sido nominado previamente por los Escritores Cinematográficos: el Mario Casas de “No matarás”. Soroiz no sólo deberá luchar contra esta estadística que funciona casi como una maldición; también tendrá que enfrentarse a su escaso conocimiento entre la industria española, al ser un actor que ha trabajado muy poco en cine y nunca fuera de su Euskadi natal. Tampoco parece que su premio en Donosti, otrora talismán, ayude especialmente a ganar el Goya en la actualidad. Hace 10 años que un ganador interpretativo de San Sebastián no combina el premio festivalero con el Goya, pese a que durante ese intervalo de tiempo el cine español ha sumado 6 Conchas de Plata.

JAVIER CASTAÑEDA

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