
Hay artistas que emergen en el ejercicio de la psicología a la hora definir sus historias.
Una mirada profunda al alma humana que en última instancia viene a desmontar las numerosas y a veces cuestionables decisiones que los personajes toman a lo largo de los caminos que fraguan las historias.
En este sentido, entendemos la obra de Fernando Franco desde ese prisma, un cineasta comprometido con la psicología humana, pero también con su vertiente más social. La necesidad de entender a los sujetos para generar una empatía necesaria a la hora de deconstruir el vértigo de unas vidas tantas veces erráticas. Una enmienda precisa en su maravillosa ópera prima “La herida”, pero también en sus dos siguientes propuestas, “Morir”, y “La consagración de la primavera”.
En «Subsuelo», su nueva película, la que habla de lo que está por debajo, sobre ciertos
rincones sucios, sobre dobleces que generan reparo, sobre historias que no se cuentan,
advierte un salto hacia el género. Pues si antes nos asentábamos en líneas más autorales,
más movidas en los terrenos finos que separan ficción y no ficción, y con un fuerte
apego de compromiso social a las realidades que retratan, ahora buscamos las claves del
género, en este caso el thriller.
Pero no se confundan, aunque el artefacto es más juguetón, desde el entendimiento del entretenimiento cinematográfico, lo cierto es que las claves de un cine cimentado en lo psicológico sigue emergiendo con igual o más fuerza que nunca. Y es que “Subsuelo” viene a retratarnos la disfuncionalidad familiar, a través de la historia de dos hermanos y su complicada y al mismo tiempo turbia relación. Historia que queda sacudida y enterrada por un hecho traumático (excelentemente filmado en su arranque), que acelera el devenir de unos personajes tan truculentos como maravillosamente ricos en aristas.
La idea de la víctima y el verdugo en situaciones de abuso sacude la realidad de los hermanos, en relación con una familia ausente, o corrompida por el dolor, y unos allegados tan inútiles en sus decisiones, como víctimas de las mismas. Caminar fragmentado, desordenado, incluso desnortado, aunque en continuo sentido para encontrar la vía para componer este dibujo sobre las complejas vicisitudes humanas. En esta labor, hay que destacar a Miguel Doblado,
montando un fino y preciso ejercicio de unión y analogía. Siempre en diálogo con la
arquitectura de un guion muy hábil, capaz de mantener la tensión en todo momento.
Quizás en la coralidad de las miradas se pierde uno en los instantes de fuga, tan necesarios para respirar, como a veces muy incoherentes con el conjunto.
La historia de una relación imposible alivia de manera innecesaria un relato que encuentra en lo turbio su mayor aliado. Por eso, quizás la densidad del malestar del personaje femenino protagonista se antoja tan cargante, frente al delicioso manjar que nos regala el bello
psicópata, defendido de manera sublime por Diego Garisa.
Sólo queda admirar las fortalezas de un ejercicio de género tan diferente, como imperfecto, una mirada que queda suspendida en los silencios cómplices, la de una madre al borde del llanto, una magnífica Sonia Almarcha, que viene a cerrar esta historia de bajos fondos, de verdades que duelen.
70 FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID. SEMINCI
-Sección Oficial-
Alberto Tovar
