
El Festival de Málaga ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años en cuanto a volumen de películas, medios acreditados o estrellas presentes en la ciudad andaluza. Esto ha provocado que nos enfrentemos a la Sección Oficial más poblada de toda la historia del certamen, compuesta por la friolera de 43 películas, 22 de ellas a concurso. Pese a que esa dimensión es inabarcable, desde Cinespain nos hemos desplazado al festival y os iremos contando todo lo que veamos durante esta semana.

Comenzamos nuestra andadura en el festival con la nueva película de María Ripoll, una cineasta con una amplia carrera a sus espaldas, con varios taquillazos incluidos. Recordemos que hasta el reciente éxito de “La infiltrada”, ha ostentado durante casi 10 años el récord de ser la mujer más taquillera del cine español, gracias al hit de la comedia “Ahora o nunca”. Tras competir en Málaga hace 3 años con “Nosotros no nos mataremos con pistolas”, Ripoll regresa al certamen, esta vez fuera de concurso. Su nuevo trabajo, “También esto pasará”, es una adaptación del best seller de Milena Busquets del mismo título, que Ripoll reconoció que le ha obsesionado durante años y que ha convertido a la película en el trabajo más personal de su carrera.
“También esto pasará” es la historia de Blanca (interpretada por Marina Salas), una mujer de 38 años, dos ex maridos y dos hijos, que se enfrenta al duelo tras la muerte de su madre, una editora de éxito con la que a lo largo de toda su vida ha tenido una complicada relación. La primera decisión de la película, y que marcará toda la cinta, es que no vamos a presenciar esa relación entre madre e hija: después de una primera escena a modo de flashback en pantalla cuadrada, en la que se muestra un episodio acontecido en la niñez de la protagonista donde se nos muestra un avance de la personalidad de la matriarca (una Susi Sánchez con una presencia sin igual, como siempre) y se nos explica el por qué del titulo de la película, la película regresa al presente para celebrar el entierro materno. A partir de ahí, seremos partícipes de cómo la protagonista va dando tumbos en la vida para hacer frente a la pérdida de su progenitora, refugiándose principalmente en el sexo, a través de aventuras casuales que no requieran de compromiso. Los sentimientos de Blanca son verbalizados de forma expresa a través de una constante e irritante voz en off, por lo que no podemos evitar torcer el gesto cuando una y otra vez nos están narrando comportamientos del pasado de la madre, un personaje ausente en pantalla, así como de los lazos entre ambas. Toda la relación entre madre e hija es explicada a través de esa voz superpuesta por la que Marina Salas se dirige a su madre, pero al no haber visto nada de lo que nos cuenta, repercute en el resultado final: no nos impacta ni nos llega.
Blanca es un personaje interesante, anárquico y voluble, cuyo comportamiento actúa como el perro del hortelano (experimenta celos cuando una de sus amigas tontea con su ex, pero a la vez no se corta en coquetear con el novio italiano de otra de sus colegas). Sin embargo, pese a que la película nos viene a decir que esos comportamientos desordenados e incoherentes son resultado del duelo que sufre, nos parece difícil de creer y entendemos que una persona así seguramente era tan caótica cuando su madre vivía. Resulta refrescante la decisión de contar con Marina Salas para el papel, una actriz que no había gozado de demasiadas oportunidades en el cine para destacar, y en una industria que suele concentrar los papeles jugosos en muy pocos intérpretes, su elección supone una apuesta novedosa. La actriz catalana cumple más que sobradamente pese a lo errático del guion: hay un diálogo en una de sus citas con Carlos Cuevas en el que se lamenta “de lo patéticos que resultan calibrando su amor” que resulta algo sonrojante y pese a que ella pronuncia en alto en varias ocasiones lo muchísimo que quiere a sus hijos, no parece verse reflejado en sus comportamientos, anteponiendo siempre un hedonismo que hace que en ocasiones el espectador se pregunte durante la película qué fue de los personajes infantiles. El retrato algo confuso y desdibujado de los personajes secundarios que componen el núcleo de amigos y amantes de la protagonista, es uno de los puntos débiles de la cinta.
Resulta llamativo que en una película que explicita tantas veces el duelo humano, alcance su momento más emotivo a través de un animal. Es curiosamente a través de las escenas de una perra que no se separa de la habitación de su ama muerta y que pierde el apetito y las ganas de vivir, cuando la película logra instantes auténticamente conmovedores y cuando verdaderamente refleja el cambio trascendental que supone la pérdida de un ser querido.
“También esto pasará” es por todo lo expuesto una película que resulta fallida, si bien resulta un placer observar los hermosos paisajes de Cadaqués, donde acontece la práctica totalidad de la película. Sin embargo, ¿no da la impresión de que entre todos los preciosos rincones de la costa catalana que se podrían explorar, es este pueblecito que fue refugio de Dalí el único que existe para nuestro cine?

El comienzo del festival también nos ha traído “Tierra de nadie”, la nueva película de Albert Pintó, el director de “Malasaña 32” y “Nowhere”. Tras su incursión en el terror y el drama de supervivencia, en esta ocasión el cineasta catalán se mete de lleno en el thriller policíaco. Es de agradecer que en una época en la que el género se ha visto invadido por la fórmula Daniel Calparsoro, habiendo proliferado varios thrillers apenas distinguibles entre sí, esta “Tierra de nadie” exude personalidad. Es fácil imaginar que “La isla mínima” ha sido un referente fundamental a la hora de trasladar a imágenes el guion de Fernando Navarro: esos planos generales de las marismas de la Bahía de Cádiz nos recuerdan inevitablemente las espectaculares localizaciones del Guadalquivir en las que Alberto Rodríguez ambientó su obra maestra. La espléndida fotografía de David Acereto otorga un empaque a la película, que la hace muy atractiva visualmente y deja imágenes muy poderosas.
“Tierra de nadie” cuenta una historia de delincuencia y personajes que malviven al margen de la ley, en una zona en la que el narcotráfico campa a sus anchas. Lo hace a través de 3 personajes principales: un guardia civil al que todos conocen como “El Gallego” (un Luis Zahera con la nariz vendada a lo Chinatown, que va de nuevo a la caza de los malos tras su memorable personaje de “La unidad”), un vasco malandrín que se lamenta de que la llegada de inmigrantes le impidan seguir ganándose la vida a base de faenas delictivas (Karra Elejalde en un registro con un punto cómico que desconcierta un poco) y un joven andaluz que se ha criado a base de pillerías en un mundo difícil (Jesús Carroza con su habitual naturalidad apabullante). El guion profundiza en la personalidad de estos tres personajes, que pese a provenir de situaciones muy distintas son amigos entre sí, y a los que llegamos a conocer y entender, especialmente a través de las (muchas) equivocaciones que cometen en su vida personal.
La película tiene una trama que en ocasiones resulta complicada de seguir, enmarañándose en una red de dobles juegos, bandos enfrentados y personajes que no son lo que parecen. No ayuda un sonido deficiente, que esperemos que esté limitado a la audición del Teatro Cervantes y no afecte a su versión definitiva en salas. Hubo varios momentos en los que gran parte de los diálogos resultaban ininteligibles, provocando confusión y afectando a la comprensión de la historia. Es por ello que resaltan más aún las potentes escenas de acción que contiene el filme: el tiroteo que tiene lugar en el Puente de la Constitución de Cádiz es un ejemplo perfecto de cómo generar tensión y dejar al espectador pegado a la butaca, y es resaltado por un trabajo de montaje espléndido.
En definitiva, “Tierra de nadie” es una película bastante efectiva que sin cambiarnos la vida, centra su fortaleza en el diseño de sus personajes y en su cuidada labor técnica. No es justo pedir a Albert Pintó un peliculón como “La isla mínima”, pese a las similitudes que resaltábamos anteriormente por su acabado formal, pero sí podríamos indicar que esta cinta va más en la línea del “Adiós” de Paco Cabezas, otro thriller oscuro de personajes ambientado también en bajos fondos andaluces.

La proyección de «Tierra de nadie» tuvo como preludio la entrega del premio Málaga-Sur, el tradicional galardón honorífico con el que el festival reconoce toda la carrera de un nombre de nuestro cine. En esta edición, el premio ha sido para Carmen Machi, una intérprete inmensa que, tal y como bromeó la propia actriz durante la gala de entrega, aún no había recibido ningún premio en el certamen pese a haber estado presente año tras año en las películas a competición. La entrega del premio deparó varios momentazos gracias a las anécdotas contadas por amigos cercanos de la madrileña, como Miguel del Arco, Paco León o la productora Laura Fernández Espeso. En su discurso, Machi quiso recordar expresamente a todas las mujeres que la han dirigido a lo largo de su trayectoria, repasando emocionada el listado de directoras, así como realizar un sentido homenaje a su madre. Una elección acertadísima para reconocer el talento de una actriz que siempre se crece a la hora de afrontar un papel, ya sea en teatro, cine o televisión, y que engrandece hasta el papel más pequeño.
JAVIER CASTAÑEDA
