
Las galas de los Premios Goya no solo sirven como reconocimiento a la producción cinematográfica española, sino como el mayor escaparate de nuestro cine, siendo uno de los espacios televisivos más vistos de nuestro país año tras año. Por eso, cuesta entender que profesionales del medio no sean capaces de ofrecer un espectáculo a la altura, reiterando errores que ponen a prueba la paciencia del espectador y, lo que es peor, repercuten directamente sobre la imagen del cine español.
La pasada gala de la 39º edición de los Premios Goya no solo tropezó en las mismas lacras de cada año, sino que algunas las agudizó (fue la segunda gala más larga de la historia) e incluso introdujo nuevos problemas.
Estas son algunas de las cosas que creemos que deberían cambiar en las galas de los Premios Goya:
- Errores técnicos. Los fallos de sonido durante el arranque de la gala deslucieron por completo el número musical. En un directo suelen ser inevitables pequeños errores, pero cuesta creer que todavía sucedan de esta envergadura.
- Mejorar la realización/producción. Si en algo destacó la pasada gala fue en su poco lucida realización, con una pobre iluminación o grafismos.
- Mayor presencia de los presentadores. Marivel Verdú y Leonor Watling tuvieron escaso protagonismo, dando la sensación de que la gala iba por libre, sin una conducción necesaria.
- Más atención al guion. Un guion poco inspirado y aún menos chispeante dotó la ceremonia de una extraña frialdad, impidiendo brillar a sus presentadoras.
- Incoherencias en las entregas de premios. Decisiones inconexas en las presentaciones de premios desconcertaron al espectador. Por ejemplo, en actriz de reparto salieron 5 ganadoras presentando a cada una de las nominadas…¿por qué en actor o en la categoría principal no? Además, en guion adaptado prescindieron del clip de los nominados que sí tuvieron los de original.
- Mejorar los entregadores y sus presentaciones. Tratar de dotar de mayor relumbrón a los elegidos entregadores de premio, así como incorporar alguna breve frase previa para no ir directamente a la nominación, algo que resulta muy frío. La pasada gala quiso homenajear los 20 años de Mar adentro, una buena idea que quedó totalmente deslucida debido a esa frialdad imperante, con una demasiado intrascendente y breve presentación de una estrella como Bardem.
- A vueltas con los números musicales. Necesarios pero siempre demasiados. Aplicar el menos es más contribuiría a no dilatar las galas.
- Discurso del presidente. Un clásico que siempre hace desconectar al espectador. Ya que es de obligado cumplimiento, al menos debería reducirse su duración.
- Premio internacional. Pensado para dotar de un plus de glamour a la ceremonia, resulta una incorporación algo cuestionable. También debería reducirse drásticamente en su duración, y sobre todo no repetir esa desastrosa traducción automática.
- Película Iberoamericana y Europea. Ante la ausencia siempre de sus ganadores, prescindir del innecesario agradecimiento del distribuidor de turno y solventar la papeleta con un video-agradecimiento de su director, o un breve clip del film.
- Lecturas interminables. ¿Es necesario que en película de animación o cortometrajes se tengan que leer los 15 nombres de sus productores, eternizando la lectura, en lugar de mencionar únicamente el título del film?
- Premiados inmisericordes. La pasada gala repitió el uso de la musiquita disuasoria que de nada sirvió ante premiados cuya ansia de protagonismo supone el mayor lastre de las galas, y algo que debe ser solventado. En el caso de mejor sonido, fueron tres las personas que hablaron, ocupando 10 minutos de agradecimientos poco edificantes. Por norma, debería ser una sola persona la que hablara y con un tiempo marcado en todas las categorías a excepción de las actorales, dirección y película. Urge buscar un mecanismo realmente efectivo para quienes se exceden.
