Pros y contras Goya 2025 – Mejor actor protagonista

La categoría de Mejor actor protagonista nos trajo de cabeza durante toda la temporada, ya que la escasez de papeles masculinos potentes en este año volvió complicado rellenar los cinco nombres de nuestros Goyómetros. No obstante, el anuncio definitivo de nominados, trajo refrescantes sorpresas como las de Vito Sanz y Alfredo Castro, por dos películas fuera de los principales focos. El Goya sin embargo parece ya adjudicado para el colosal trabajo de Eduard Fernández en «Marco». Repasamos los pros y los contras de los nominados.

ALFREDO CASTRO, por Polvo serán

1ª nominación

A favor: Como es habitual en Alfredo Castro, ofrece en “Polvo serán” un trabajo exquisito en su encarnación de ese director teatral que se enfrenta a la enfermedad terminal de su amor durante más de 40 años. La química que logra con Ángela Molina es palpable en cada escena que comparten y la mirada de Castro hacia ella rebosa amor y dedicación. En ese paseo por la playa en el que debate con su mujer acerca del final elegido, el actor dota de hondura a una decisión que no es fácil de entender para el espectador y logra que seamos conscientes de la profundidad de su relación. Las conmovedoras conversaciones que tienen lugar en Suiza tanto con su hija como con su esposa muestran un registro cálido del actor latino, donde vemos resquebrajarse la aparente fortaleza de su Flavio y trasluce una emoción desbordante. Es la primera oportunidad que tienen los académicos para votar a uno de los mejores actores del mundo, alguien que de por sí engordaría el prestigio de los Goya dado el renombre que ostenta el chileno.

En contra: Representa la única nominación de “Polvo serán”, lo que es señal de lo poco que ha gustado entre los académicos la película de Marques-Marcet. Alfredo Castro es el quinto actor que ha logrado en la última década entrar en esta categoría como nominación solitaria de su cinta (después de Andrés Gertrudix por “Morir”, José Coronado por “Tu hijo”, Ernesto Alterio por “Un mundo normal” y David Verdaguer por “Uno para todos”). Ninguno logró superar el hándicap de la debilidad de sus películas y se quedaron sentados en la butaca. Además, resultaría extraño que Castro terminara ganando el premio contraponiéndose con la omisión de las nominaciones de Ángela Molina, verdadera alma de la película.

EDUARD FERNÁNDEZ, por Marco

14ª nominación / 3 Goyas

A favor: En uno de los años más abiertos que se recuerdan, el de Eduard Fernández es, junto al de Javier Macipe en dirección novel, el único por el que apostaríamos dinero sin miedo a perderlo. Lo que Fernández consigue en “Marco” es algo que va más allá del elogio: su composición del hombre que pasó media vida haciéndose pasar por un superviviente de un campo de concentración atrapa por lo que implica de transformación física y gestual. El actor barcelonés demuestra un instinto inigualable para captar detalles del personaje real e incorporarlos a su reconstrucción: sus coletillas al hablar, su arrogancia indisimulada y su carisma apabullante son algunas de las herramientas empleadas para configurar el Enric Marco de la gran pantalla. Eduard realiza un minucioso estudio del personaje, dotándolo de una complejidad emocional que posibilita que veamos a un hombre que, tras su fanfarronería pública, vive con el peso de la mentira en privado. Es gracias a su talento humanizando a Enric por lo que, pese a estar contemplando a un mentiroso compulsivo que ha frivolizado con uno de los mayores horrores que han existido, nunca llega a caernos mal. En su encuentro (butifarra en mano) con el historiador Bermejo, nos produce cierta lástima cómo su afán de protagonismo puede más que el miedo a caer en ridículo y humillarse. Eduard se somete además a un exigente proceso de caracterización, algo que recientemente contribuyó a incrementar las opciones de Goya de David Verdaguer en “Saben aquell” y Javier Bardem en “El buen patrón”. Más allá de la ayuda del maquillaje, Fernández modifica por completo su manera de caminar para hacer creíble a un personaje mayor que él, al que encarna durante un periodo de dos décadas. Eduard es el noveno actor que consigue hacerse con la dupla Forqué-Feroz. Todos los anteriores que consiguieron esa combinación lograron posteriormente el Goya.

En contra: Conceder un cuarto Goya a Eduard supondría encumbrarlo como el segundo mejor actor de la historia del cine español, únicamente superado por los seis cabezones que atesora Javier Bardem. Puede que algunos académicos sientan algo de vértigo ante esa coronación, habida cuenta además que sin duda el actor catalán seguirá coleccionando nominaciones en el futuro.

URKO OLAZABAL, por Soy Nevenka

2ª nominación / 1 Goya

A favor: Trabajar a las órdenes de Icíar Bollaín ya le valió un Goya en su anterior candidatura. Aquí, nuevamente dirigido por la cineasta madrileña, exhibe nuevos registros encarnando a un villano absoluto. Urko se sumerge dentro de la personalidad de este ex alcalde de Ponferrada, consiguiendo causar auténtico asco con esa sonrisita permanente y esa campechanía paleta que esconde el veneno de un manipulador. Si en “Maixabel” asumía un papel de pocas palabras, en “Soy Nevenka” explota al máximo su voz rasgada funcionando como una letanía en el proceso de anulación psicológica de su víctima. La forma en que llama “Kenki” a la concejala, con una zalamería que resuena denigrante, o las humillaciones a las que la somete en sus brotes de ira, permiten que cumpla con creces su objetivo de provocar mal rollo y resultar despreciable. Olazabal sabe mostrarse como un encantador de serpientes cuando apela a la empatía narrando la enfermedad que padece su esposa y a la vez domina el rol autoritario de su cacique. La última vez que un actor llegó a esta categoría interpretando a un político (Antonio de la Torre en “El reino”) se terminó llevando el premio.

En contra: Es un personaje repulsivo, sin ningún resquicio positivo al que se pueda agarrar el académico para empatizar con él. El rechazo y el desprecio que provoca pueden resultar disuasorios a la hora de decidir el voto. Su victoria podría leerse como una rehabilitación hacia un hombre depravado al que la sociedad siguió el juego en su día. Además, un segundo Goya para un actor con sólo dos interpretaciones relevantes en su carrera sería a todas luces excesivo. Aunque parezca mentira, en toda la historia de los premios sólo ha habido un Goya en Mejor Actor a una película dirigida por una mujer, y de eso hace ya más de 20 años: el Luis Tosar de “Te doy mis ojos”.

ALBERTO SAN JUAN, por Casa en llamas

4ª nominación / 2 Goyas

A favor: Ofrece todo un derroche de carisma en esta encarnación de un auténtico jeta, donde siempre apostilla con maestría comentarios irónicos propios de un caradura. El madrileño encarna a ese tipo de persona que piensa únicamente en sí mismo y que sólo se hace presente para evitar tener problemas. Ya sea en el momento en que expresa su incredulidad por que el condón aparecido sea de su ex, o cuando su hijo le recrimina no haber escuchado su maqueta, siempre sabe imprimir la gestualidad adecuada e introducir el comentario jocoso apropiado. Cuando Vilarasau le pide que recuerde un único sacrificio hecho por su familia, San Juan explota su lado más cómico haciéndose el indignado y explotando su victimismo afirmando que si vende la casa, entonces le meterán en la cárcel. Su capacidad para dar credibilidad a los diálogos de Eduad Sola y refutar cada acusación dándole por completo la vuelta es un espectáculo. Alberto San Juan es el único de los candidatos que compite por una de las nominadas en mejor película. La potencia de su filme podría impulsar sus opciones, como ya le ocurrió a Javier Gutiérrez el año de su victoria por “El autor” cuando también compitió contra rivales cuyas películas estaban fuera de la categoría reina.

En contra: Si tuviéramos que hacer una clasificación de los personajes más abyectos de “Casa en llamas”, seguramente el de Alberto San Juan encabezaría el ranking. El comportamiento de su Carlos, que ha modificado la titularidad de la casa propiedad de su ex mujer a espaldas de ésta, es absolutamente deleznable. La escena en la que rescata unas cintas de vídeo enterradas hace décadas y las proyecta ante su familia como manipulación emocional para que no vendan la casa, es un acto tan ruin que sólo puede provocarnos el máximo rechazo. Además, durante toda la película nos asalta la sensación de que San Juan es demasiado joven para el personaje, y nos distrae como padre de Rodríguez Soto y Auquer, amén de configurar una pareja poco creíble con Emma Vilarasau. Por si fuera poco, es un caso palmario de fraude de categoría, ya que es claro secundario dentro de la historia y solamente la estrategia de la productora en pro de maximizar opciones de nominación visto el bajo nivel de la categoría, ha posibilitado que compita como protagonista.

VITO SANZ, por Volveréis

1ª nominación

A favor: “Volveréis” tiene cierto culto entre una parte del sector, tras la selección de la película en la Quincena de Cineastas de Cannes, por lo que aquellos fans de la cinta tienen la oportunidad en esta categoría de concentrar su voto en el actor oscense (el Óscar Ladoire del siglo XXI) como forma de encumbrar la película. No hay duda acerca de cuál debe ser el clip a emitir en la gala para recapitular la interpretación de Sanz: esa grabación de una separata para un casting en la que Vito recita un texto relativo a una ruptura. En esos minutos en primer plano sostenido, el actor se desnuda emocionalmente y, valiéndose de sus clásicos balbuceos y de una mirada apesadumbrada, conmueve cuando confiesa que no es feliz.

En contra: Aún existen demasiados prejuicios hacia la figura de Vito Sanz, un actor demasiado vinculado al universo Trueba y que no ha conseguido destacar fuera de éste. De hecho, este mismo año participó en “El hombre bueno”, la última cinta de David Trueba, en la que su floja interpretación era más merecedora de un Yoga. Como suele ser habitual en las cintas de Jonás, no es fácil enfrentarse a diálogos vacíos, de manera que el esforzado trabajo de Vito queda opacado por el ensimismamiento del director, que acaba derivando hacia una impostura pija y hueca.

JAVIER CASTAÑEDA

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