
El pasado viernes se estrenaban tres películas españolas de notable interés cinéfilo: Polvo serán, aclamada y premiada Toronto o Valladolid; Los últimos románticos, muy aplaudido segundo largometraje del director de Ane (ganadora de 3 Premios Goya); y La alcoba del sultán, lo nuevo de Javier Rebollo 12 años después de su último film (El muerto y ser feliz).
Tres propuestas tan estimulantes como arriesgadas, a las que el público adulto-cinéfilo ha dado por completo la espalda. Un público incapaz de asumir tanto en tan poco tiempo.
En los últimos dos meses, hemos visto cómo la ambiciosa Soy Nevenka (Icíar Bollaín) obtenía una recaudación en taquilla tres veces por debajo de la de «hechuras» similares Maixabel. Quizá coincidir con el fenómeno El 47, el estrenar la misma semana que La virgen roja y la llegada arrasadora dos semanas después de La infiltrada condicionara su recorrido.
Asimismo, la estela veneciana de La habitación de al lado no evitó el que hoy se considera el peor resultado comercial de toda la carrera de Pedro Almodóvar.
La lista de cadáveres durante poco más de un mes es interminable: El llanto, Rita, Verano en diciembre, Salve María, Anatema, Yo no soy esa, Amanece en Samaná, Polvo serán, Los últimos románticos o En la alcoba del sultán son algunos ejemplos.
Y es que la catarata de estrenos españoles estas semanas ha sido incesante, incluyendo el grueso de los más ambiciosos de cara a la temporada de premios. Contrasta con lo visto el pasado mes de junio, cuando se vivió la peor cuota histórica de cine español, con semanas sin películas españolas entre las 20 más vistas y encadenando 5 semanas consecutivas (del 31 de mayo al 28 de junio) sin un solo estreno relevante.
Este fenómeno sucede año tras año, pero el cuello de botella visto en 2024 año ha llegado a tal extremo que sus efectos van más allá del rendimiento en cines: el académico y votante de premios se ve incapaz de asumir tantas películas en tan breve periodo. Es por eso que, en los últimos tiempos, cintas del primer semestre como Upon Entry o 20.000 especies de abejas permanecen en el recuerdo y se reivindican a final de año en la temporada de premios.
Las estrategias de La estrella azul (programada inicialmente para 2023 tras su paso por Sanse) o Segundo premio refuerzan esa teoría y demuestran que huir del colapso de octubre/noviembre puede ser buena idea. Ambas vivieron un recorrido en cines positivo -teniendo en cuenta sus ambiciones- y hoy están más que presentes en el recuerdo de los premios.
Parece que algunos productores están tomando nota y aprendiendo la lección. Siguiendo el ejemplo de La estrella azul, títulos que se esperaban a finales de este año han aplazado su lanzamiento para los primeros meses del 2025. Es el caso de la Concha de Oro Tardes de soledad, Los tortuga, La niña de la cabra o Una quinta portuguesa.
