Entrevista Katia Borlado


A Katia Borlado (Gijón, 1990) la hemos descubierto en Notas sobre un verano (Diego Llorente, 2023), película en la que es protagonista absoluta y en la que derrocha naturalidad y desparpajo. Aunque ya la habíamos visto antes en la serie de Netflix Alma (2022), en el que fue su primer trabajo relevante en el audiovisual. Pero Borlado ya tenía una sólida trayectoria teatral, medio en el que empezó muy joven. Entre las obras que ha representado: El Rey Lear, Bodas de sangre, The Rocky Horror Show, Fuenteovejuna o No me toques el cuento. En el momento de esta entrevista (enero de 2024) se encuentra en el Teatro Español con Es peligroso asomarse al exterior, en la que explota su vis cómica. También ha tenido pequeños papeles en la película En los márgenes (Juan Diego Botto, 2022) o la serie No me gusta conducir (2022). Y a partir de ahora esperamos verla mucho más, porque su talento bien lo merece.



-He leído que llevas desde los 15 años en la interpretación ¿Cuando dijiste “quiero ser actriz”, y por qué?

Hasta entonces no me había planteado mucho más. Mis padres siempre recuerdan que mi abuela paterna me regaló las cintas de VHS de Lina Morgan, porque me encantaba. Había algo en esa mujer que me enganchaba y luego me ponía a imitarla. Pero con 7 u 8 años no tienes esa capacidad de pensar qué quieres hacer.

Con 15 años lo que pasó es que nos pilló de pleno el rodaje de Volver en Almagro, donde íbamos todos los veranos. Fue justo en frente de mi casa y yo era super cotilla y me asomaba a todas las esquinas. Entonces todo ese revoloteo de gente, cosas, cámaras…me gustó mucho. Mi hermano tendría por entonces 3 años, a Penélope le encantó y siempre pedía que lo dejáramos en la caravana mientras la maquillaban. Luego había escenitas en las que me podía asomar y veía que había algo que me entusiasmaba. No sabía exactamente qué, pero me gustaba. 

Cuando volví a Asturias le dije a un profesor que me quería dedicar al cine, y me dijo que conocía a un profesor de teatro de unos cursos de la Universidad Popular que se daban allí, Y me apunté, haciendo un chanchullo porque no tenía aún la edad, pero quería probar sí o sí.

-Entonces la vocación nació con el cine, pero empezaste haciendo teatro y sigues haciendo mucho en este medio. ¿Qué sientes cuando estás en el escenario?

Creo que es muy indescriptible, a no ser que se comente con alguien que siente lo mismo. Es una mezcla de cosas. Una vez que sales estás en completa vulnerabilidad, puede pasar cualquier cosa. De hecho, mis peores pesadillas son siempre que salgo al escenario y se me olvida el texto o pasa algo que no puedo solucionar. Pero a la vez también hay algo de seguridad, de aposentarse.

También es verdad que se percibe mucho lo que llega del público. Es muy especial cuando hay tantos ojos mirando lo que está sucediendo. Hay algo en el teatro, de repetir algo que nunca va a ser igual, un día tras otro, que me entusiasma mucho. Cada día es distinto. El público es distinto, nosotros venimos con una energía distinta, se dice una frase en un tono que ya a ti te coloca en otro sitio…todo es muy real, en el sentido de que todo está en constante movimiento.

-Lo primero importante que hiciste en audiovisual fue la serie Alma, no sé si fue un shock muy grande pasar de tanto teatro a la televisión.

Fue un shock en todos los sentidos, porque antes de que llegase la confirmación de la serie yo estaba decidida a dejar la profesión. Me planteaba volver a Asturias, porque no estaba haciendo nada por lo que yo tuviera que estar en Madrid. Necesitaba una estabilidad y justo se me juntaba con cumplir 30 años. 

Entonces hice un primer casting para Alma, que no fue para el personaje de Berta. Llegué a hacer la prueba con Sergio en persona, que fue estupendamente y yo estaba con toda la ilusión del mundo. Pero al final no me cogían porque aparentaba menos edad y el actor que iba a hacer de mi marido tenía más edad. Ahí es cuando dije que ya no podía más. Pero justo me llamaron el día de mi cumpleaños. Me dijeron que había un actor que se había caído porque le había salido otra oferta, y yo no entendía por qué me daban esa información. Y ya me dijeron que Sergio había decidido cambiar el sexo del personaje y meterme a mí. Al día siguiente cogí un tren para Oviedo a las 7 de la mañana y ya me quedé allí para el rodaje. Fue todo muy rápido, y luego me lo pasé estupendamente. Pero si no fuera porque me rescataron, hubiese tomado la decisión de dejarlo.

-Y respecto a la profesión, ¿En qué punto te encuentras ahora?

Estoy en un punto mucho más estable. Asumo que tendré que volver a mi trabajo anterior, que no tiene nada que ver con la interpretación. ¿Que por el camino llega otro trabajo? Pues perfecto. Pero prefiero mantener esta mentalidad, por curarme en salud. Creo que es muy errónea la idea que nos meten en la cabeza de “ya has metido la cabeza”, es horrible. Porque a veces vamos a encajar cuatro proyectos de una, y a veces van a pasar dos años sin trabajo. Aparte del dinero, evidentemente, también coges otros trabajos porque no sabes cuándo viene el siguiente. Aunque cojas un trabajo temporal que no sea tu pasión, al menos estás en movimiento. Yo no puedo estar en casa mirando las musarañas, a ver si me llaman de la nada. Así que con estabilidad y tranquilidad.

-Hablamos ahora de Notas sobre un verano, la película en la que te hemos descubierto. Una de las cosas que más me gustan es ese tono naturalista, en el que me parece que hay mucha verdad. Me gustaría saber cómo trabajasteis eso.

Desde un sitio muy pequeñito, sin muchas pretensiones. Con la idea de hacer un trabajo muy documental, en el mejor de los sentidos, pero desde nosotros. Yo nunca intenté interpretar, ponerme en la piel de Marta. Intenté que Katia llevase a cabo todo eso con las circunstancias de Marta. Claro que hay un guion establecido, pero eso no impide muchas veces estar viviendo cada secuencia como tú la reaccionarías. Obviamente en diálogo con Diego. Pero es verdad que tiene una forma de trabajar muy peculiar, que a mí personalmente me encanta. Sabe lo que quiere, sabe dónde quiere llegar, pero te deja a ti mucho. Había mucho juego y mucha naturalidad. Teníamos muy claro lo que pasaba por dentro, más que hacer hacia fuera un montón de cosas. Salió algo muy bonito y que no esperábamos que llegase donde ha llegado.

-He leído que te gusta aprenderte muy bien el guion y luego ya si te dejan jugar sobre eso, pues mejor. ¿Te encuentras más cómoda así que con un guion muy cerrado?

En el caso de Diego es que nos prohibía estudiar como tal. Claro que miras, para ver a qué te enfrentabas. Me quedaba con las cosas que sí o sí tenían que ponerse sobre la mesa, pero no con el texto. Luego cuando ya ibas viendo cómo se iban dando los días y las circunstancias, veías que era mejor no aprendérselo. Si de repente tu compañero ofrece otra cosa y tú solo vas a saber responderle con el texto, hay algo ahí que te está frenando. Sí, sabíamos las cosas que tenían que salir, pero se iba dando la situación. 

Estoy haciendo la comparación mentalmente y creo que me ha costado más el texto del Teatro Español, que creo que son seis frases en total. Pero ahí había un trabajo mucho más de estilo. 

-Dices también que es el personaje que más se parece a ti, de los que has hecho. Luego hay actores que prefieren un personaje lo más alejado posible a ellos mismos. Para ti, ¿es indiferente o tienes alguna preferencia?

Me gusta todo. Quizás el hecho de que Marta haya sido alguien muy cercano a mí me lo puso más fácil. Fue algo más agradable, no tener que buscar una forma de andar, de hablar…yo lo recuerdo como sin tensiones. De hecho, la mayor tensión era evitar las mascarillas, pero lo demás fue todo muy fácil. Pero también me gustan los retos, y ahora mismo estoy en un punto en el que me apetecería probar con algo un poco distinto.

-Quería hablar de tu personaje, que me encanta. He leído mucho eso de que puede “caer mal”. A mí me parece maravillosamente humana, y aunque se equivoque, la entiendo y también sé que ella está sufriendo.

Con Marta intento no entrar en esa fina línea entre defender el personaje a toda costa o culparlo. Lo que sí percibo es que la infidelidad es el resultado de todo lo que le pasa por dentro, es el error que comete hacia fuera. Pero la bomba interna es no saber quién es, no encontrar su sitio. La pulsión de Pablo creo que es algo de movimiento, de novedad y salir de la rutina. ¿Lo hace mal? Sí, porque no hay establecida una relación abierta, pero para mí lo importante todo el rato era lo que estaba pasando. Claro que es importante hacer daño a otras personas, no quiero minimizar eso. Pero al final todos estamos cometiendo errores todo el rato. Sí estoy muy de acuerdo contigo en que es muy humana y necesita encontrarse. Me hubiera gustado, no como guion de la película, pero yo como Katia, que Marta hubiese podido romperse realmente y luego seguir adelante partiendo desde cero. Pero no sucede, porque así es en la mayoría de los casos. 

Notas sobre un verano ocupó el 4º lugar en nuestro Top Erótico de 2023. He leído que no tuvisteis coordinador de intimidad, por las características propias del rodaje, que era muy íntimo y no hizo falta, pero creo que nos alegramos todos de que esa figura exista.

Sí, obvio. En nuestro caso era la primera vez que Diego se lanzaba a rodar algo así, con lo cual era muy nuevo para todos. Para mí era uno de los retos de la película. Porque además entendía que se hiciera, no hay nada gratuito. Al final estás hablando de una realidad, y la realidad es esa. Estuve muy de acuerdo, pero cuando se empezó a hacer el casting de Pablo sí que le dije que me gustaría plantear a alguien que yo conociera o con el pudiera tener un lenguaje mutuo. Esto no lo iba a hacer con un extraño, porque además fueron los dos primeros días de rodaje. Y pudo ser así, porque a Álvaro lo conozco desde hace muchos años. Hay una confianza mutua muy bonita y sabía que no me iba a sentir violenta en ningún momento con respecto a él. Y Diego tampoco quería que nos pudiéramos sentir mal, así que fue algo muy cuidado.

Te reconozco que para mí la parte dura fue luego al verla. Es algo con un toque tan realista que sentí algo como voyeur, y además verme con Álvaro en esa situación…era todo muy raro. Pasé unos días complicados, de decir “qué he hecho, dónde me he metido”. Me preocupaba mucho que se convirtiera en la película con una escena de sexo. Entonces, cuando vi cómo la gente entendía la películas, no solo esa escena, ahí empecé a relajarme.

-No sé si preguntarte por el “Caso Vermut”, porque sé que eres muy reivindicativa, pero es un tema espinoso y prefería consultarte antes de hacerlo.

Si a estas alturas no nos posicionamos, qué nos queda. Y más cuando están empezando a salir compañeras de profesión, por ellas me parecería incluso feo no tener una opinión al respecto. Leyendo sobre este caso o el de otro director de Canarias (Armando Ravelo)…es tan duro leer en redes cuando una chica da la cara diciendo que ha pasado esto, que tiene pruebas…que aunque no las tengas, no tienen por qué desconfiar de ti. Pero es como ya desconfiar de forma gratuita. Me parece tan valiente por parte de ellas que sepan que lo van a decir, y la oleada que les va a caer.

Es muy valiente, porque todas hemos vivido…por suerte yo ninguna de esas situaciones, pero sí cuando acababa de llegar a Madrid, con toda la inocencia del mundo, y sí empezaron a haber unas insinuaciones que a mí me dejaron un poco incómoda. Me sentí tan violenta que en ese momento pude parar los pies. Pero hay tantas cosas que están en juego…No es que sea una interesada, pero quiero trabajar en esta profesión,  entonces no quiero tener una palabra con nadie. Es muy violento, porque piensas que no quieres llegar aquí y empezar a tener problemas, porque además tampoco sabes muy bien hasta dónde puede llegar la otra persona. Por suerte se quedó ahí. Pero cuando leo mensajes y pantallazos que suben, sí hay algo que siento, con esa incomodidad. Si hubiese ido más allá no sé si hubiera tenido el valor o la capacidad de contarlo. También hay algo de manipulación muy fuerte…

-También está el tema de la diferencia de poder.

Incluso te venden un poder que no tienen. A mí es algo que a día de hoy no me importa. Me da igual quién seas, no va a pasar esto conmigo. Pero cuando tenía 23 años era mucho más complicado encajarlo todo, porque además vienes un poco con la cosa de que la gente es buena por naturaleza y te quieren echar un cable. Entonces, cuando algo se gira en la conversación, dices: “espera, espera”. Desgraciadamente, la primera pregunta que yo me hice (y creo que se la hacen todas) es “qué he hecho mal”. Qué he hecho mal para que esta persona entienda de esta forma. Que luego tengas la capacidad y el valor de expresarlo, y que todo el rato están echándote tierra encima, es durísimo. Por supuesto, esto tiene que salir. No es que ahora seamos unas histéricas, es que ahora tenemos el valor de decirlo, y a quien haya que llevarse por delante, pues lo siento. Existen terapias y muchas más cosas para ser mejores personas, que al final es lo que cuenta.

-Por ejemplo, Armando Ravelo sí que lo ha reconocido.

Me parece mucho más inteligente. Al final todos venimos de una sociedad machista y hemos podido cometer errores. Me parece bien que asuma su responsabilidad, a mí me resulta como un respeto que diga “sí, no estoy orgulloso, lo hice mal y estoy en manos de profesionales para dejar de tener este tipo de comportamientos”. Si es que no es cuestión de desearle la muerte a nadie…el otro día leí un comentario de un  tipo que decía: “Estaréis contentas, ya tenéis a la mitad de la población masculina en la cárcel”. Y no es verdad. Y si lo fuera, pues igual sería porque esa persona se lo merece. Pero es que además no es cierto. En este caso, no sé qué pasará con él a partir de ahora, ni voy a entrar en eso. Pero me parece un buen comienzo, que se asuma que se puede cambiar y asumir los errores. Qué menos.

Entrevista realizada en Madrid el 31 de enero de 2024

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