
El gran día ha llegado. La 38ª edición de los Premios Goya ya está aquí y con este artículo culminamos nuestro repaso a los candidatos a los galardones más importantes del cine español. La categoría de Mejor Película no puede estar más emocionante, y hasta el último minuto de la gala no sabremos si el Goya acaba en manos de «20.000 especies de abejas» o de «La sociedad de la nieve», las dos grandes favoritas por el premio. ¿Cuál será la vencedora?
20.000 ESPECIES DE ABEJAS, de Estibaliz Urresola Solaguren
15 nominaciones

A favor: El hecho de que la película arrasara en las nominaciones, consiguiendo menciones tan desmesuradas como las de maquillaje o efectos especiales, es una señal del furor que ha despertado entre los académicos. El cine vasco lleva varios años ejerciendo como palanca de nuestra industria, habiendo encabezado varios de los proyectos más interesantes llevados a cabo en nuestro cine en los últimos tiempos. El Goya a mejor película no haría sino refrendar esta edad de oro del cine hecho en Euskadi. Igualmente, después de que los idiomas catalán y gallego fueran fundamentales en ganadoras de Mejor película como “Pa negre” o “As bestas”, ya es hora de que le toque al euskera. Las estadísticas juegan a favor de la película, tras haberse coronado en los Forqué y los Feroz: siempre que ambos premios han coincidido, la película ganó posteriormente el Goya. “20.000 especies de abejas” aborda con una sensibilidad única un tema poco tratado en cine como es la identidad de género en la infancia desde la perspectiva de Coco/Lucía, una niña que no se identifica con el género con que la tratan, y plasma con un detalle exquisito las diferentes formas con las que el entorno cercano de Lucía reaccionará ante la situación. Es una película que debería exhibirse en todos los colegios, en la que se expone de forma abierta el choque de dos generaciones y dos maneras de ver el mundo a través de los puntos de vista opuestos de madre y abuela. La ópera prima de Estibaliz Urresola tiene varias frases demoledoras. Escuchar preguntas como “¿Tú crees que cuando estaba en la tripa de ama algo salió mal?” o “¿Me puedo morir para volver a nacer siendo chica?”, expresadas con inocencia infantil, nos destroza por dentro, y son muestras muy directas del dolor que puede generar el proceso de descubrimiento y aceptación de la identidad. Qué bonito sería que al abrir el sobre que contenga la película ganadora del Goya gritemos la misma exclamación que deseábamos pronunciar mientras veíamos esa escena final por el bosque: ¡LUCÍA!
En contra: No todo el mundo es fan del llamado nuevo cine femenino español, al que se suele achacar demasiadas similitudes temáticas y formales. “20.000 especies de abejas” puede acusar un metraje algo excesivo para el perfil de película y llegar a resultar algo reiterativa. Además, existe el riesgo de que los académicos se dejen llevar por el fulgor del brillo de Hollywood y la exitosa carrera norteamericana de “La sociedad de la nieve”, que ya batió a la cinta de Urresola en la votación por ser la representante española en los premios Oscar.
LA SOCIEDAD DE LA NIEVE, de J.A. Bayona
13 nominaciones

A favor: Una gran producción que, con los referentes del cine de Hollywood, le da un toque propio para que la película descanse en la veracidad y el respeto hacia una historia que todo el mundo conoce. Desde el momento del espectacular y terrorífico accidente de avión, comienza una experiencia inmersiva por la supervivencia en la que el impecable despliegue técnico hace que hasta se puede sentir el frío y la dureza de la cordillera andina. La película resalta valores con los que todo espectador simpatiza, como la solidaridad, la resiliencia y la colaboración por el bien colectivo. Destaca la audacia de introducir a Numa como el narrador de la historia, relegando a un plano más secundario a Nando Parrado y Roberto Canessa, personajes más populares gracias a la versión de Frank Marshall de 1993. La potente maquinaria publicitaria de Netflix facilita la promoción de la película entre votantes y público. Esto permite que, en caso de que “La sociedad de la nieve” sea la triunfadora de la noche, en ningún hogar español se tendrá que escuchar ese triste comentario habitual en otros años de “¿qué película es ésa que ha ganado el Goya?”
En contra: Es una película poco representativa de nuestro cine. Con apenas un 10% de producción española, al transcurrir a más de 10.000 km de nuestro país y contar con un equipo internacional al mando de especialidades tan relevantes como la fotografía, música o vestuario, amén de todo su reparto, los académicos pueden sentir que no es la película ideal para ser encumbrada por el sector. La Academia ya ha dado muestras en el pasado de no sentirse condicionada en sus decisiones por lo que ocurra en los Oscar. “Secretos del corazón” o “El abuelo” perdieron estrepitosamente pese a su nominación a película de habla no inglesa, por no hablar de lo que importó a los académicos que “Hable con ella” se hiciera con la estatuilla dorada al mejor guion original.
CERRAR LOS OJOS, de Víctor Erice
11 nominaciones

A favor: Más que una película, es casi un milagro. Cuando ya teníamos muy asumido que la filmografía de Víctor Erice se limitaría a tres largometrajes, llegó esta última reflexión del director vasco sobre el paso del tiempo, la memoria, la identidad y el poder hipnótico del cine. Cada fotograma de la película es un ejemplo de maestría, formando parte de una estructura muy bien pensada. Desde ese comienzo juguetón en la finca Triste le Roy, que logra captar nuestra atención al instante, somos testigos de un relato condensado en latas de celuloide en el que un director recluido desde hace décadas actuará como trasunto del propio Erice y emprenderá un magnético viaje. Apreciar cómo se insertan en la película maravillosos guiños al Espíritu de la colmena, al Sur o incluso a ese Embrujo de Sanghai que no pudo ser, es verdaderamente gratificante. La película va de menos a más durante su metraje, y en los puntos álgidos, toca el cielo. Cómo olvidar esa conversación en el Museo del Prado, plagada de nostalgia. Ese reencuentro entre dos antiguos amantes que desborda melancolía y amor soterrado, cerrado por un tango. Esa caja de recuerdos de alguien que ya no está. Esa evocadora poesía visual de Julio Arenas en una portería al amanecer. Esa cuenta pendiente de Erice saldada con su viaje al sur. Ese cautivador homenaje a “Río bravo”. Ese elegante reencuentro entre un padre y una hija. Ese misticismo al pronunciar “Soy Ana”. Esos rostros en la trascendente proyección. “Cerrar los ojos» supone un viaje emotivo y balsámico que alcanza una belleza indescriptible en su magnífica escena final, precioso colofón a una película mágica. Es responsabilidad de los académicos no dejar pasar este tesoro para nuestra cinematografía. Porque la memoria se va perdiendo, pero el cine permanece.
En contra: Es una película pausada, de largos diálogos en ocasiones intrascendentes, y un estilo de cine literario que ya no se hace hoy en día, casi de otra época. Su larga duración lleva a un inevitable bajón de ritmo a mitad de película, a la que seguramente le habría venido bien contar con un Elías Querejeta en la producción. Dentro del llamado “big five” de precursores (Forqué, Feroz, CEC, Fotogramas de plata y Sant Jordi) únicamente ha ganado el premio de los críticos españoles convocados por la revista Fotogramas, un botín que se antoja escaso para sus expectativas de cara al triunfo final. “Pa negre” es la única película que consiguió el Goya a mejor película contando solamente con el Fotogramas de Plata en su haber y habiendo perdido el resto de precursores de la temporada.
SABEN AQUELL, de David Trueba
11 nominaciones

A favor: Un recordatorio de que entre nuestro país hay miles de vidas cuya historia merece ser contada. La película combina un cóctel perfecto para llegar al espectador, incluyendo amor, enfermedad, chistes, canciones y un montón de cameos. A través de la recreación del personaje principal, se eleva como retrato de una época convulsa en la que abundaba el tabaco, el alcohol y un ansia creciente de libertades. Narrada de forma cariñosa y entrañable, juega sobre seguro con la utilización de temas como “Un beso y una flor”, que ejerce un efecto inmediato de despertar la nostalgia en cualquiera. A todo el mundo le gustan las historias de amor, y la que se forja entre Eugenio y Conchita es la única de amor verdadero que vemos en el quinteto de nominadas. Su relación se siente humana y real, logrando que los acompañemos en los sueños que persigue la pareja y que nos duelan los sacrificios cometidos hasta lograrlos. Para terminar, la película se reserva un golpe de efecto con el que redondea la narración y apuntala esa reconfortante sensación de haber visto una gran película que te ha hecho reír y llorar.
En contra: La relación entre los dos protagonistas es tan potente que opaca todo lo demás, quedando sin desarrollar personajes relevantes como los de los hijos (especialmente sangrante es el caso del hijo menor, al que ni siquiera se llama por su nombre hasta bien avanzada la película). Como consecuencia, concentra sus posibilidades de éxito en las categorías interpretativas, quedándose coja de cara a un premio a mejor película. Además, es una película en cierto modo bastante generacional, que disfrutará en mayor medida los votantes de una edad muy concreta. Es probable que los votantes más jóvenes de la Academia no conozcan a gente como Cecilia, Ibáñez Serrador o Mónica Randall, en cuyo caso les será más difícil disfrutar al completo de la experiencia que proporciona la película.
UN AMOR, de Isabel Coixet
7 nominaciones

A favor: Supone la vuelta de la mejor Isabel Coixet, con su trabajo más redondo desde “La vida secreta de las palabras”; película que, por cierto, ganó el Goya pese a ser la cinta con menos nominaciones de las candidatas, igual que le sucede a “Un amor”. Aquí Coixet deja a un lado su habitual estilo para bajar al barro y contar una historia áspera donde no hay lugar para la idealización rural, tan común en nuestro tiempo. Cuenta con el personaje más complejo de esta edición, una Nat huraña y contradictoria, que se deja llevar por un deseo irrefrenable que ni siquiera entiende, y se embarca en una relación que le sirve de refugio ante la hostilidad del vecindario. Una película visceral que elabora un complejo análisis psicológico del deseo, la dependencia y las obsesiones a través de una intensa fuerza narrativa. Su forma de mostrar las escenas de sexo, reflejando cada encuentro como un acto tortuoso casi animal configura una tensión asfixiante.
En contra: Los personajes de la película, antipáticos y egoístas, pueden provocar rechazo entre los votantes. En algún caso resultan estereotipados, destacando a ese casero al que encarna Luis Bermejo, que está descrito de forma algo caricaturesca, resultando un personaje de una sola pieza, que no experimenta la más mínima evolución. Pese a que tras su proyección en San Sebastián prometía ser una de las películas del año, la película se ha ido de vacío en todas las categorías a las que estuvo nominada en los CEC, Feroz y Forqué.
JAVIER CASTAÑEDA
