
La categoría de Mejor Dirección es una de las más apasionantes de esta edición. ¿Triunfará la veteranía y la reverencia hacia Víctor Erice, emblema del cine de autor con su magnífico regreso con «Cerrar los ojos»? ¿O la Academia se decantará por el cine más puramente comercial galardonando a J.A. Bayona, el exitoso director que ya ha logrado dar el salto a la industria norteamericana y que puede presumir de su reciente nominación al Oscar? Entre ellos dos está el premio, uno de los más emocionantes de la noche. Repasamos a continuación sus bazas, así como las de sus otros compañeros de nominación.
J.A. BAYONA, por La sociedad de la nieve
4ª nominación / 3 Goyas

A favor: Es el primer director diferente de Almodóvar o Amenábar que consigue llevar a España a la nominación en la categoría de película internacional en los últimos 25 años. “La sociedad de la nieve” es un paso adelante en su impecable carrera de ambiciosos proyectos de indudable éxito comercial. Pocos cineastas en nuestro país se atreverían con una epopeya de este calibre, que apabulla por su despliegue técnico y el realismo en la recreación. Su gran pulso como realizador da como resultado uno de los momentos más espectaculares que hemos visto en nuestro cine, como es la escena del alud que sobrecoge y angustia al espectador. Bayona evita el morbo fácil al contar la historia y opta por una narración respetuosa que pone en valor al colectivo sobre cada individuo y aborda de forma elegante un tema tan delicado como el canibalismo, centrándose en el dilema moral al que se enfrentaron los supervivientes del accidente. También ha sabido aprender de algunos de sus errores en otras películas, como por ejemplo el uso de la música, que tan abusivo resultaba en sus anteriores cintas, y que aquí está mucho mejor insertada sin necesidad de enfatizar el drama.
En contra: ¿De verdad Bayona va a ganar un cuarto Goya por su cuarta película de producción española? Encumbrar a Bayona con un pleno de 4 Goyas sobre 4 posibles supondría un hito nunca visto en nuestra cinematografía y le colocaría en una posición de excesivo privilegio respecto a sus colegas del gremio. Pese a ser un director puramente emocional, como demostraron sus conmovedoras “Lo imposible” y “El orfanato”, el nulo desarrollo de personajes impide llegar a encariñarse con los miembros del grupo. El espectador asiste a una continua sucesión de muertes expresada a través de rótulos, terminando por provocar la última sensación que Bayona pretendía: cierta indiferencia.
ISABEL COIXET, por Un amor
7ª nominación / 2 Goyas

A favor: Sale más que airosa del reto mayúsculo de llevar a la gran pantalla una novela tan popular como la de Sara Mesa, considerada por muchos como inadaptable. Entrega su mejor película en castellano con un reparto más extenso de lo habitual en su cine y demuestra su talento para dirigir actores, ya que hasta en las intervenciones más cortas se aprecian destellos que destacar. Coixet toma la decisión de emplear un formato de pantalla cuadrada para remarcar el ambiente opresivo al que se ve sometida su protagonista. En la recreación de ese ambiente amenazante están los mejores momentos de su labor de dirección, consiguiendo que el ambiente del pueblo se vaya convirtiendo cada vez más tóxico y malrollero. También demuestra su habilidad para plasmar escenas sexuales que se quedan en la memoria, como ese encuentro en la cocina en la que una yema de huevo será protagonista. Dentro de la crudeza y la intensidad del drama, no deja pasar la oportunidad de insertar una frase, que por inesperada, despierta la carcajada del público: “Hay mucha monja que fuma y mucha puta que reza”.
En contra: Varios de los momentos más controvertidos de la película son decisión de Isabel Coixet, no estando presentes en el libro que adapta. Más de un lector de la novela arqueó la ceja ante tramas como la de los refugiados o la madre armenia del alemán, así como con escenas tan desconcertantes como el baile liberador de Laia Costa.
VÍCTOR ERICE, por Cerrar los ojos
1ª nominación

A favor: Sería un crimen que la Academia desaprovechara la oportunidad única (e inesperada) de reconocer con un Goya de Mejor dirección a Víctor Erice, mito viviente de nuestro cine y único director español presente en el top 100 de mejores películas de la Historia según la prestigiosa encuesta de Sight and Sound. Los Goya ya han utilizado esta categoría en el pasado para reconocer con un premio competitivo a leyendas de nuestro cine aún sin Goya honorífico como José Luis Borau o Luis García Berlanga, pero Erice parte con la ventaja de firmar una película muy superior a aquellas “Leo” o “Todos a la cárcel”. Con “Cerrar los ojos” se despide con una oda al cine repleta de guiños a sus anteriores películas y con un marcado espíritu autobiográfico. Pese a que no rodaba un largometraje de ficción desde hacía 40 años, demuestra que sigue manteniendo su habilidad para insertar sus simbolismos y para lograr una atmósfera inmersiva. Su talento es tal que la película está plagada de pequeños fragmentos que por sí mismos, extraídos de la película, tendrían identidad propia y resultarían fascinantes. Ejemplos de ello son el envolvente inicio con José Maria Pou o el maravilloso reencuentro de los personajes de Manolo Solo y Soledad Villamil. Precisamente esos diez minutos constituyen uno de los momentos más hermosos de su carrera, respirándose una emoción a flor de piel y logrando transmitir tantos recuerdos soterrados, condensados en una canción. En caso de ganar, lograría otro hito con el que engordar los titulares del día siguiente, ya que se convertiría en el director de mayor edad en ganar el Goya de toda la historia de los premios.
En contra: Su histórica aversión a los medios va en contra del manual de toda campaña, dado el papel cada vez más importante que juegan las estrategias promocionales en la carrera por los premios. No ha acudido a ninguna de las galas de los precursores que se han celebrado hasta la fecha, y ni siquiera existe la certeza de que vaya a presentarse el sábado en Valladolid. Su posible ausencia desluciría el premio y tal vez los académicos prefieran otorgar su voto a otro cineasta que haya mostrado más su ilusión por recibir el galardón.
ELENA MARTÍN, por Creatura
1ª nominación

A favor: Ofrece el trabajo más personal del año, con el que se abre en canal y desnuda miedos y traumas con gran valentía. En “Creatura” aborda temas apenas tratados en nuestro cine como la sexualidad infantil, la incomodidad de los padres por dicho motivo, o el bloqueo sexual en la madurez, somatizado en problemas físicos y frustraciones. Martín acierta al estructurar la historia que quiere contar en tres épocas diferentes, indagando con mirada atenta las diferentes etapas del deseo. A pesar de ser una directora casi novel, logra generar escenas muy turbadoras, como ese juego erótico con el que Mila pretende excitar a su pareja Oriol Pla y que no saldrá bien. Pero tal vez el mejor momento de la película, e inevitablemente el más incómodo, es cómo consigue capturar una situación tan natural y a la vez tan tabú como es la de esa niña saltando sobre el cuerpo de su padre e intentando quitar la sábana para verle desnudo. Después de ver “Creatura” es difícil olvidar ese “Me bota la vulva”.
En contra: Su nominación parece cubrir el hueco de cine de autor, para el que el gremio de dirección está reservando una plaza en los últimos años, como prueban las sorprendentes nominaciones que obtuvieron Juanma Bajo Ulloa por “Baby” o Manuel Martín Cuenca por “La hija”. Sin embargo, ya hemos comprobado en el pasado que para este perfil de candidatura el premio es la nominación, sin posibilidad de ir más allá. Además, es un tipo de trabajo que difícilmente generará consenso suficiente en una votación de este calibre al ser una película que se adentra en terrenos pantanosos y que deja más preguntas que respuestas.
DAVID TRUEBA, por Saben aquell
4ª nominación / 1 Goya

A favor: Consigue que su película, con un perfil de biopic clásico a priori tan americano (todos los años nos tragamos varias biopics made in USA creados con el único propósito de los Oscar), sea profundamente española. Frente a arquetipos como los deportistas o los cantantes, figuras habituales de este tipo de cintas, Trueba toma la original decisión de centrarse en un humorista. Manejar el humor en pantalla siempre es complicado, pero acierta de lleno al insertar los chistes de Eugenio en los momentos precisos e hilarlos con las propias vivencias del protagonista de forma muy satisfactoria. Con ideas tan jugosas como escoger a Lara Dibildos para interpretar a su propia madre o convertir a Paco Plaza en un trasunto de Chicho Ibáñez Serrador, logra capturar la esencia de los años 70 en un viaje al pasado reciente que ya le dio buenos resultados en los Goya con “Vivir es fácil con los ojos cerrados”. Al igual que en aquella, opta por la ternura y la cercanía para narrar la hermosa historia de Eugenio y Conchita, tomando la acertada decisión de poner a ambos en igualdad de condiciones y profundizar en la personalidad de esa mujer que sacrificó su carrera por amor.
En contra: Ha sido acusado de llevar a cabo cierto blanqueamiento del personaje, omitiendo los puntos más oscuros de Eugenio, y evitando su triste etapa de adicciones. Esto provoca que resulte muy chocante uno de los últimos diálogos de Verdaguer, cuando le expresa a su hermana que no ha sido un buen padre, ni un buen hermano, ni un buen marido, ya que lo que hemos visto en pantalla no permite llegar a tal conclusión.
JAVIER CASTAÑEDA
