Pros y contras Goya 2024 – Mejor actor protagonista

Después de la reñida carrera que tuvimos el año pasado en Mejor actor protagonista con un duelo igualadísimo entre Denis Ménochet y Nacho Sánchez, pasamos en esta ocasión a una categoría mucho menos emocionante, con un David Verdaguer que ha arrasado hasta ahora en todos los premios en los que ha competido. ¿Existe alguna posible alternativa? Repasamos los pros y contras de los cinco nominados.

ALBERTO AMMANN, por Upon Entry

2ª nominación / 1 Goya

A favor: En su permanente expresión tensa y sus nervios se identifican las peores pesadillas a las que se puede enfrentar un extranjero en el control de acceso de un aeropuerto estadounidense. Ammann incorpora a su interpretación tics en ojos y manos para reflejar los efectos de la tortura psicológica a la que se ve sometido su personaje. Sus sudores fríos y su suave tono de voz ante las inquisitorias preguntas de los agentes de aduanas le confieren de una sensación de vulnerabilidad que no le habíamos visto en trabajos anteriores. Pero además, en su intervención, repleta de primeros planos, sabe dar a su Diego un toque ambiguo por el que el espectador dudará de su inocencia durante todo el metraje. Por otro lado, asume con éxito el reto de cambiar de nacionalidad, interpretando convincentemente a un venezolano.

En contra: Aún resulta chocante ver cómo ha hecho pleno colándose en toda la carrera de premios, mientras que su compañera Bruna Cusí es ignorada de cualquier precursor pese a estar incluso mejor que él. La Biznaga de Oro que logró en el Festival de Málaga como premio al mejor actor no es en absoluto garantía de éxito de cara a los Goya. Ammann es el primer intérprete masculino en 15 años que logra la nominación al Goya después de vencer en el certamen malagueño. También debe luchar contra la maldición del Goya que logró con “Celda 211”: hasta ahora ni uno solo de los actores galardonados en actor revelación ha logrado después volver a hacerse con otro Goya en las categorías de protagonista o de secundario.

ENRIC AUQUER, por El maestro que prometió el mar

2ª nominación / 1 Goya

A favor: El inesperado éxito de la película en taquilla, todo un sleeper que continúa llenando salas 3 meses después de su estreno, ejerce de palanca a favor de su protagonista, principal artífice de la gran aceptación del filme. Dentro de una historia convencional, Auquer emerge cual alma de la cinta como maestro comprometido a abrir las mentes de los niños. El vínculo que forja su Antoni Beinages con los alumnos se siente creíble gracias a la humanidad y veracidad que transmite el actor. La ilusión y delicadeza de Auquer al poner a la práctica sus revolucionarios métodos educativos, demuestran su versatilidad como intérprete y su capacidad para emocionar.  Con su victoria, la Academia tiene la oportunidad de enviar un potente mensaje en pro de la educación pública así como de denuncia de la triste persistencia en nuestro país de fosas comunes aún sin exhumar.

En contra: Hasta ahora las películas centradas en la labor de la enseñanza no han tenido demasiada suerte en los Goya: tanto el David Verdaguer de “Uno para todos” como el Fernando Fernán Gómez de “La lengua de las mariposas” perdieron en esta categoría pese a ofrecer también perfectas encarnaciones de maestros empáticos e idealistas. Además, éste no deja de ser el segundo papel relevante en cine del actor, por lo que un segundo Goya podría resultar exagerado, más aún cuando le espera una prometedora carrera en el futuro. Su acento catalán resuena demasiado impostado y en ocasiones acaba sacando al espectador de la película.

HOVIK KEUCHKERIAN, por Un amor

2ª nominación / 0 Goyas

A favor: Pronuncia la frase más memorable del cine español en 2023: “yo puedo arreglarte el tejado a cambio de que me dejes entrar en ti un rato”. Esta desconcertante proposición resulta creíble gracias a la autenticidad de Hovik. El alemán al que encarna es huraño, tosco y antisocial, y funciona gracias a la imponente presencia del actor y a su rudeza en los diálogos. En la franqueza con la que reconoce a Laia Costa que no se había fijado en ella con anterioridad y que “podías ser sido tú como podía haber sido otra”, Keuchkerian imprime una mezcla de condescendencia y de trivialidad que encaja muy bien en su personaje. La dureza de su rol no es óbice para que conceda un pequeño resquicio al romanticismo, y en la escena en la montaña, con apenas un piropo, una caricia y un abrazo, deja ver el lado más tierno de su interpretación.

En contra: Es muy posible que la productora de la película haya errado al proponer a Hovik en la categoría protagonista. El jurado de San Sebastián ya consideró su intervención como secundaria y hasta le otorgó la Concha de Plata de acuerdo a tal condición, por lo que de haber competido como actor de reparto, probablemente ahora estaríamos hablando del favorito de la categoría. Pese a lo bien que está en las situaciones más contenidas, su interpretación flojea en el brote de ira que tiene ante Costa y en el que recuerda a su madre armenia.

MANOLO SOLO, por Cerrar los ojos

4ª nominación / 1 Goya

A favor: Tras decenas de películas acotado a papeles secundarios, consigue por fin un protagonista a la altura de su talento. Como personaje principal del esperadísimo regreso de Erice, Manolo Solo interpreta maravillosamente a ese alter ego del director vasco alcanzando un nivel dramático altísimo. Solo consigue dar credibilidad a unos diálogos que muchas veces no son naturales, demostrando su buen oficio con un trabajo profundo y emotivo. Logra dar un tono reflexivo a su Garay, como en esa entrevista en el programa de televisión en la que se muestra pensativo al describir a su amigo o en esos encuentros con su antiguo montador, disertando acerca de viejos tiempos. La mirada de Manolo Solo dice tanto que no es necesario que sus secuencias contengan diálogos: en esa escena en la que está sentado en el comedor frente a Gardel basta fijarse en sus ojos y en ese esbozo de sonrisa para sentirse reconfortado. Manolo hasta se da el gusto de tomar la guitarra y arrancarse a cantar “My rifle, my pony and me”, y al igual que en aquella “Río bravo”, da una lección de camaradería y sentido del deber. Para terminar de robarnos el corazón, Solo cuenta con una escena a la que se enfrenta en solitario que va directa a la fibra sensible de los académicos: una caja de recuerdos y una fotografia de fotomatón logra dejarnos K.O.

En contra: Aunque fue proclamado con la etiqueta de gran favorito al Goya en mayo tras la proyección de “Cerrar los ojos” en Cannes, la irrupción de Verdaguer le ha hecho caer un poco en el olvido. No ha ganado en ninguno de los considerados precursores de la carrera de premios (Feroz, Forqué, CEC), y para más inri, ni siquiera recibió el apoyo de sus paisanos, perdiendo el premio Carmen de la academia andaluza. Los antecedentes nos desvelan que esto le descarta por completo de cara al premio final: ningún actor ha conseguido ganar aquí sin llevarse al menos un galardón previo.

DAVID VERDAGUER, por Saben aquell

4ª nominación / 1 Goya

A favor: Si bien el biopic no es un género que el cine español suela abordar, lo cierto es que la Academia se ha rendido a las interpretaciones de personas reales en las pocas ocasiones en que han competido esta categoría, como prueban las premiadas recreaciones del Che Guevara, Camarón de la Isla, Ramón Sampedro, Goya o Francisco Franco. Verdaguer consigue mimetizarse de una forma asombrosa con el humorista Eugenio, tanto en gestos como en voz, desde la primera escena en la que le vemos en acción a través de su monólogo en ese club alicantino. Por si fuera poco, su papel logra arrancar más de una carcajada al espectador gracias a haber interiorizado a la perfección esa forma tan particular de contar chistes con su semblante serio y dominando el momento en el que efectuar las pausas. Verdaguer logra dar profundidad a su personaje transmitiendo la melancolía y la timidez de Eugenio y mostrando su lado más vulnerable. El aura que otorga a su personaje logra que entendamos cómo todo el público de una función infantil puede arrancar a aplaudir solamente con verle acceder al colegio. Pero sin duda, Verdaguer conquista definitivamente en su representación de hombre enamorado, mirando a Conchita como si no hubiera otra persona en la tierra. Será difícil que algún académico pueda resistirse a cierta escena en su coche camino del espectáculo; ese primer plano escuchando a Nino Bravo mientras conduce, bien merece un Goya.

En contra: Compite en el apartado menos proclive a reconocer una interpretación en catalán como la suya: Actor protagonista es la única de las seis categorías interpretativas donde todavía no se ha premiado una actuación en una lengua cooficial. Es posible que para los académicos más jóvenes la figura de Eugenio resulte desconocida y que por ello no lleguen a valorar en su justa medida el gran trabajo que hay detrás.

JAVIER CASTAÑEDA

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