Pros y contras Goya 2024 – Mejor actor de reparto

Queda menos de una semana para que la 38ª edición de los Premios Goya cierre la estupenda cosecha de películas de 2023. La gala viaja por primera vez a Castilla y León, de manera que la Feria de Valladolid acogerá el próximo sábado el gran evento del cine español. Como cada año, procedemos al repaso de las categorías interpretativas, comenzando con Mejor actor de reparto. 4 novatos en las candidaturas tratarán de hacer frente a un clásico de los premios como José Coronado ofreciendo el mejor papel de su carrera.

Álex Brendemühl, por Creatura

1ª nominación

A favor: Pese a que cuesta creerlo, es la primera nominación del actor catalán, lo que puede provocar que el sentimiento de culpa sobrevuele en la mente de los académicos y tomen esta candidatura como oportunidad de redención tras ignorar a Brendemühl por interpretaciones tan completas como las de “Akelarre”, “Petra” o “Las horas del día”. En “Creatura” aborda un trabajo de pocas palabras, pero no las necesita para demostrar su calidad interpretativa. En esos cinco minutos que comparte sentado en el sofá con Elena Martín, con su sonrisa forzada ante la pregunta de si se siente cómodo con su hija, o a través de la confusión e incredulidad que dejan entrever sus ojos, consigue reflejar la incomodidad que siente su personaje. La fragilidad que muestra al abordar esa relación con Mila, y las dificultades para expresar su afecto son muestras de un actor que nunca falla, al que echamos de menos cuando no aparece en pantalla.

En contra: “Creatura” gira en todo momento en torno al personaje de Mila en sus diferentes edades y deja poco espacio para que otros personajes brillen. Además, su ausencia entre los candidatos a los Feroz prácticamente elimina sus opciones de premio: ningún actor de reparto ganó el Goya sin haber estado nominado previamente en los premios otorgados por la Asociación de Informadores Cinematográficos.

JOSÉ CORONADO, por Cerrar los ojos

5ª nominación / 1 Goya

A favor: Aunque en la cinta de Erice paradójicamente se menciona a su personaje como alguien que no sabe envejecer, Coronado ha adquirido con los años una madurez interpretativa espléndida, con una presencia que por sí sola engrandece cualquier película y un registro vocal imponente que lleva camino de equipararse al de maestros como José Sacristán. En “Cerrar los ojos” está extraordinario en un papel que le exige despojarse de artificios para transformarse en un hombre sin recuerdos. La primera vez que le vemos en el comedor del centro en el que reside, consigue eliminar de sus ojos cualquier expresión impresionando con una mirada completamente perdida. Otorga a su Gardel una vulnerabilidad conmovedora, con una galería amplísima de registros. Desde ese rostro iluminándose con una emoción casi infantil al comprobar cómo Manolo Solo sabe continuar la canción que entona, ese refunfuño que nos despierta una sonrisa al quejarse de que “este sitio está lleno de viejos”, o esa reacción asustadiza al negar que sea él quien aparece en una vieja foto, Coronado logra el milagro de llenar de humanidad a un hombre que lo ha perdido todo, incluso la memoria. Tampoco podemos olvidar la exigencia de su trabajo en “Cerrar los ojos”, que le obliga a hacer frente a un papel múltiple, que incluye tanto su rol de detective en la película inacabada como su aparición en las ensoñaciones sobre su desaparición, donde la imagen de Coronado riéndose bajo la lluvia descalzo nos mete de lleno en la fantasía onírica. La profundidad de esta interpretación y el impacto que produce, la convierte en un Goya incontestable.

En contra: Es el único de los cinco candidatos que ha ganado con anterioridad el Goya, lo que puede resultar un hándicap si los académicos mantienen el afán renovador que mostraron en esta categoría nominando cuatro perfiles sin ninguna candidatura previa. Por otro lado, su imagen ha sufrido cierta erosión por lo desafortunado que ha estado en algunas de sus últimas intervenciones públicas, con sus polémicas declaraciones sobre los casos de Luis Rubiales y Carlos Vermut.

MARTXELO RUBIO, por 20.000 especies de abejas

1ª nominación

A favor: Un actor que siempre ha apostado por el riesgo, como prueba su debut en “27 horas” dando alma a un adicto a la heroína o su hito en la serie vasca “Goenkale”, donde interpretó al primer gay de la ficción de la ETB. Al igual que Brendemühl, Rubio da vida a un padre que no consigue entender a su hija, a la que piensa que “hemos consentido demasiado”. Pese a su papel ingrato y su escaso metraje en pantalla, el intérprete vasco consigue que el espectador entienda las preocupaciones de su personaje y su aflicción tras el fracaso en su matrimonio. En caso de que “20.000 especies de abejas” se corone como la mejor película de la noche, la fuerza de la cinta entre los académicos puede causar un efecto arrase que provoque Goyas tan inesperados como éste, algo de lo que ya se benefició en su día Jordi Dauder con el éxito de “Camino”.

En contra: Cuesta pensar que Rubio puede ganar con un rol con tan poca entidad en la película, cuando tradicionalmente en esta categoría se reconocen personajes secundarios que se roban la película como el Luis Zahera de “As Bestas” o el Urko Olazabal de “Maixabel”. Su presencia en las nominaciones fue la más sorprendente de las categorías interpretativas y al ver su nombre muchos tuvieron que indagar para saber a quién interpretaba en la cinta de Urresola. Resultaría muy extraño que, en una película de tan marcado sello femenino, el Goya interpretativo recayera en un papel masculino poco desarrollado.

HUGO SILVA, por Un amor

1ª nominación

A favor: El suyo es uno de los personajes más fascinantes del año: un auténtico encantador de serpientes que presentándose como un (falso) aliado, intenta ganarse la confianza de Nat con el único objetivo de que acabe en su cama. Tras veinte años en la industria, Silva consigue por fin un papel bombón en cine con el que poder lucirse y está magnífico en el despliegue de esos pequeños tics machistas e hipócritas. Su interpretación refleja maravillosamente la evolución de ese Piter a lo largo del metraje: pese a que comenzamos viéndolo simplemente como un arrogante graciosillo donde Hugo muestra su lado más pedante al describir sus vidrieras, el semblante del actor se va transformando hacia algo más oscuro. Sus insistentes preguntas con doble intención provocan poco a poco una incomodidad latente en el espectador, pero es en la escena en la que invita a cenar a Laia Costa a su casa donde su trabajo alcanza el punto más álgido. Ver cómo su comportamiento de colega enrollado que no escatima en piropos cambia radicalmente hacia un fondo tóxico sin necesidad de levantar la voz es un ejemplo de la sutileza de su trabajo. En ese “Igual otro día no quiero yo” está la oportunidad de reconocer a un trabajador incansable que tras muchas cintas alimenticias que se basaban en explotar su físico de galán, demuestra estar preparado para retos mayores.

En contra: Pese al tradicional romance de Isabel Coixet con la Academia, que acumula casi una decena de Goyas en diferentes categorías, ninguna interpretación en una película suya ha recibido el premio. Un cierto sector de votantes conserva aún prejuicios hacia hombres que inicialmente alcanzaron la popularidad masiva por su atractivo, algo que ya impidió en el pasado que algunas excelentes interpretaciones de actores como Álex García, Alain Hernández o Javier Rey fueran ignoradas por la Academia.

JUAN CARLOS VELLIDO, por Bajo terapia

1ª nominación

A favor: Es uno de los exponentes del brillante reparto de “Bajo Terapia”, todo un ejemplo de cómo un grupo de actores ensamblado a la perfección puede sostener una película a base de su rapidez en los diálogos y su dominio de la gesticulación. Vellido borda el personaje más desagradable de la película, con una presencia avasalladora. Dentro de la cómica locura que presenta Gerardo Herrero, su papel es la llave para abordar los temas más trascendentes y abrir la puerta a la conciencia social. Frente a la artificiosidad que siempre rezuman las adaptaciones teatrales, enriquece a su Roberto con pequeños detalles que lo envuelven de realidad. Ya sea en sus arrebatos de ira al enfrentarse a sus compañeros, en su pudor e incomodidad cuando en la terapia sale a relucir el tema del sexo en la pareja, en su vertiente controladora acallando a su mujer o en esa ufanía tan de otra época al narrar con orgullo cómo solucionó con violencia los conflictos escolares de su hijo, el gran trabajo de Vellido hace que veamos a una persona real, con un perfil que tristemente aún es muy común en nuestra sociedad.

En contra: En toda la historia de los Goya solamente en dos ocasiones ha ganado en esta categoría alguien que representaba la única nominación de su película, y ambos casos (el Luis Ciges de “Así en el cielo como en la tierra” y el Juan Diego de “Paris-Tombuctú”) fueron dos veteranos y reconocidos actores con decenas de películas a sus espaldas. Igualmente, las nominaciones infructuosas en el pasado de los intérpretes de “B, la película” o “La llamada”, atestiguan que el salto al cine de actores que ya habían triunfado con esos personajes sobre los escenarios no culmina con el premio final. El hecho de que Vellido ya hubiera representado este mismo papel en el teatro puede llevar a que los académicos valoren en mayor medida otras creaciones sin ese recorrido previo.

JAVIER CASTAÑEDA

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