F. Javier Gutiérrez (Córdoba, 1973) debutó en el largometraje con 3 días (2008), película apocalíptica que transcurre en Andalucía. Casi una década más tarde llegó su salto a Hollywood con Rings (2017), probando suerte en esta franquicia de terror. Ahora vuelve a su Andalucía natal para contar una historia ambientada en los años 70 y que ofrece una sugerente mezcla de géneros. En el pasado Festival de Sevilla pudimos charlar con el director.

-Dices que tenías ganas de volver a hacer un proyecto más personal, después de la experiencia de Hollywood. Me gustaría saber cómo fue la experiencia allí y por qué esas ganas de volver.
Hollywood está muy bien, tiene cosas muy buenas. Pero a nivel de creador es trabajar de una manera más encorsetada. Sobre todo en el caso de Rings, ya que trabajar dentro de una franquicia te da unos márgenes muy delimitados de los que no te puedes salir. Tanto creativamente, como a la hora de experimentar y aventurarte en terrenos más arriesgados. Lo siguiente que quería hacer era algo más personal, donde tuviera más libertad creativa. Valoro mucho trabajar en España, porque tengo esta libertad y porque puedo trabajar con temas y paisajes que a mí me dicen mucho, que son muy nuestros. Allí trabajas con otro tipo de historias y otro tipo de cultura que me es más ajena, aunque ya llevo bastante años viviendo allí. Pero incluso viviendo en Los Ángeles sigo siendo muy español, muy andaluz. Vivo en la zona de playa, que me recuerda a Málaga y en Navidad siempre vengo a Córdoba a ver a mi familia.
-Dices también que hay mucho de tu infancia en esta película. Me suele pasar que las películas en las que el autor está muy presente me resultan más interesantes, ya que ese toque personal las hace más auténticas.
Yo crecí en esos pueblos fronterizos entre Andalucía y La Mancha, y tiene mucho de ese ADN. Es lo que dices, la hace más auténtica. Todo ese gusto por el detalle que tengo a la hora de trabajar lo centro en toda la temática, o en cómo se trata en la película el campo y las tradiciones andaluzas. Mucha gente me dice que salen del cine con el sabor de haber ido atrás en el tiempo, a esos 70 de su infancia. Creo que ese conocimiento y ese gusto se refleja en la película. Esa nostalgia de la mirada de un niño, que yo era en esa época, de esos campos que a veces resultaban oscuros, misteriosos y violentos.

-Me gusta que ahora hay bastante gente en España haciendo cine de género sin intentar copiar, sino que es muy de aquí. No sé si has podido ver algunas de estas películas.
Me ha costado mucho ver desde Estados Unidos la producción de aquí, pero yo siempre lo reivindiqué, desde el momento de 3 días. Costó mucho levantar la película, porque a priori pegaba más en un cine americano. Ahora mismo sería un poco locura, pero hay mucha más variedad, afortunadamente. Hace quince años España estaba todavía muy con las raíces del cine de toda la vida y costaba mucho romper. Mi reivindicación en aquella época era la de hacer cine con la temática que nos apeteciera, en este caso el fin del mundo, pero sin intentar vestirlo de americano. No hace falta intentar que sea en una urbanización que nos recuerde a Los Angeles, aquí tenemos una arquitectura preciosa y una cultura muy rica. Creo que siempre hay que abrazar y envolver esos proyectos con esa personalidad nuestra y no intentar copiar.
Han pasado quince años y todavía lo noto un poco. Esta película ha costado levantarla, y no hemos podido contar con ayuda del Ministerio de Cultura, la televisión española o ni siquiera plataformas. Son temas complejos, pero que desde un punto de vista realista no habría problemas para financiarlo. Pero cuando entras en un terreno más del fantástico hay un temor a financiar. En Estados Unidos no hay complejos a la hora de nominar o premiar cine fantástico. Jordan Peele se lleva su Oscar por Get Out y llegan a nominar algunas películas de Marvel. Hay un respeto por el cine fantástico y aquí en España cuesta mucho romper eso.
-En la película hay mezcla de géneros, y a veces es difícil encontrar el tono justo. ¿Fue algo que pensaste mucho o fue más intuitivo?
Muy intuitivo, esta película fue muy orgánica. No intenté hacer una mezcla de géneros de manera racional. De hecho, es una película que tiene ese género desde el principio, lo que pasa es que lo va revelando progresivamente, muy lentamente. Pero su ADN está ahí y ese aura de intoxicación de la superstición está presente de alguna manera y se va descubriendo mientras la película progresa.
A la hora de la realización intenté hacerlo con una sobriedad que recuerda al cine clásico en algunos momentos. Tiene un cierto tono de homenaje a esas películas que yo veía en la infancia en La Clave.

Además, también tuvimos una breve charla con el protagonista del film, un Víctor Clavijo que se tuvo que enfrentar a un personaje muy exigente.
-Me gustaría que me hablaras de la dureza del rodaje y la preparación.
Cuando me ofreció el proyecto, lo primero que me dijo fue que me preparara, que iba a ser más duro que 3 días. Le dije que no podía ser, pero efectivamente sí. Fue la mitad de tiempo de rodaje, con el doble de exigencia emocional y quizás física. Desde que me llamó me pidió que empezase a adelgazar, hasta donde pudiese llegar. Bajé como siete u ocho kilos. Aparte del cambio físico (dejarte barba, cambiar la voz…), el proceso fue también de búsqueda del personaje. Físicamente fue intenso, por rodar con temperaturas de más de 40º al sol en pleno secarral sevillano, que es muy agotador. Pero lo más duro es la exigencia emocional. Trabajar un personaje que el 95% del tiempo está metido en la mierda más profunda emocionalmente. Atravesando un calvario, todo un viaje de culpa y autodestrucción que tiene que ver con el dolor de la pérdida y la soledad. Y atravesar todo ese estado emocional y recrearlo una vez tras otra. No queríamos que hubiese ni un solo instante en el que no estuviese presente. que estuviese tapado. Pero para que el público la sienta, el actor tiene que generar esa emoción. Y hacerlo continuamente es bastante agotador.
-¿Y cómo afrontas todo esto? ¿Cómo lo trabajas?
Eso ya tiene que ver con técnicas actorales, es complicado explicar aquí. Tiene que ver con entender al personaje y echarle imaginación. Recreas a este Eladio, su mujer, su hijo…te inventas toda una vida juntos. Y luego pones cosas personales para que la mezcla funcione. Uno trabaja con imágenes, recuerdos y angustias de uno mismo y las pone sobre la mesa al servicio del personaje.
-¿Y eres de los que te llevas el personaje a casa?
No porque te lo quieras llevar conscientemente. El otro día alguien me recordaba que en el rodaje yo no contestaba por mi nombre. Todo el mundo me llamaba Eladio, porque no respondía por Víctor. Yo no era consciente y no lo hice deliberadamente. supongo que estaba tan concentrado que era inevitable, pero no era por una excentricidad actoral, ni mucho menos. Evidentemente, te llevas a casa la emoción y la angustia del personaje, pero no porque quieras. Porque el cuerpo no entiende lo que estás haciendo. Tu cabeza entiende que estás actuando, pero tu cuerpo no. Y cuando uno genera una emoción, tras otra, tras otra…esa energía se queda ahí por narices. Y dura un tiempo una vez acabada la película.
MANUEL BARRERO IGLESIAS
Entrevista realizada el 25 de noviembre de 2023 en el Hotel NH Collection Sevilla.
