
Cuando se anunció el proyecto de La sociedad de la nieve surgieron ciertas dudas entre la cinefilia. Nuestro director más importante en términos industriales iba a desarrollar la producción más cara del cine español, basándose en la trilladísima historia de supervivencia de los pasajeros (la mayoría componentes de un equipo de rugby uruguayo) del vuelo siniestrado en los Andes en 1972.
Con un referente tan anclado en la memoria como ¡Viven! (Frank Marshall, 1993), se justificó el nuevo proyecto -que adapta la novela de Pablo Vierci- como un retrato humanista, más realista y fiel al sentimiento de sus personajes, interpretados por desconocidos actores latinos en la lengua original.
En todo momento se plasma la intencionalidad de rendir homenaje a los nombres de los integrantes del vuelo. Sin embargo, el film no se desprende del arquetipo de cine de supervivencia y el rizar el rizo del sufrimiento y agonía. La verdadera renovación se plasma en un imponente apartado técnico, que destaca por su fotografía plagada de planos memorables de verdadera belleza. Por lo demás, apenas hay novedad en un relato demasiado dilatado y que se dirime entre momentos de espectacularidad y aburrimiento.
Paradójicamente, preocupado en dignificar y humanizar, es en su retrato de personajes donde le cuesta conectar. Pese a que sabe cómo explicar y trasladar al espectador el proceso dramático de sus personajes, no hay una auténtica conexión con éstos, capitaneados por un frío narrador. Llegados al final, cuesta incluso recordar el nombre se sus máximos protagonistas supervivientes, apenas conocemos sus personalidades, no han vivido un auténtico momento de intensidad interpretativa y tampoco hay un verdadero carisma en ninguno de ellos. De hecho, los dos momentos de mayor inspiración y calado de los textos están recitados por dos personajes que no han tenido presentación previa y que después de ese momento desaparecen.
Pese a ello, aunque sin ningún alarde estilístico desde la dirección, Bayona sí sabe formar un impoluto y lujoso artefacto comercial que sabe valerse de la innegable potencia de la historia. Y, por cierto, es una de esas películas que hay que ver en la gran pantalla.
PUNTUACIÓN: 5
